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Víctima Verdugo Salvador

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Hay un triángulo de comportamientos muy claro y definido en la sociedad actual, el triángulo víctima, verdugo, salvador.

Todos oscilamos entre los tres personajes, aunque alguno sea más marcado que otro. 

Los tres discursos se alimentan de la creencia de que otro tiene la culpa de lo que les sucede, existen únicamente gracias a la fantasía de la separación y la dualidad. 

El verdugo dirá que su infancia, la sociedad o la necesidad lo hicieron así, lo que en el fondo es un papel de víctima de sus circunstancias. 

La víctima creerá que la culpa de su vida la tiene el verdugo y que si el verdugo dejase de hacer lo que hace se acabaría su sufrimiento.

El salvador necesita que haya víctimas y verdugos para encontrarle sentido a su existencia, sabe siempre lo que es mejor para los demás y es un compendio de consejos, pero miras su vida y es puro desastre.

Todos esperan, esperan y esperan a que el otro cambie, a que el mundo cambie o las leyes cambien para estar bien, pero ninguno asume la responsabilidad de cambiar algo en sí mismo. 

Mientras exista la posibilidad de cambiar algo y no se haga, nadie será víctima de nadie más que de su propio miedo. 

Y no habrá peor ni más tirano verdugo que aquel que permanece esperando a que alguien lo salve de su infierno, maltratándose al permanecer en su situación, teniendo la opción de cambiarla.

Para que el mundo cambie no podemos seguir creyendo en la fantasía de lo aparente, no hay partes, géneros o sexos, solo humanos desconectados de su divinidad y extremadamente confundidos, ajenos de sí mismos y su responsabilidad personal en lo que les sucede.

Una decisión valiente es lo que transforma lo humano en lo divino.

Gemma Pitarch

Mamás culpables

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Cuando explico cómo los niños incorporan y somatízan los estados emocionales de la madre o de la problemática familiar y los expresan a través de síntomas, un pequeño porcentaje de mujeres, no quiere ni oír hablar de la posibilidad de que lo que les pasa a sus hijos, tenga que ver con ellas y prefieren seguir buscando en el exterior el motivo y la solución del problema de sus hijos.

Esto está bien, afortunadamente hay tantas opciones disponibles como estados de conciencia. Cada persona ha de seguir su camino en coherencia con lo que piensa y siente, ( en eso estamos todos).

Otras mamás, tras la explicación de rigor, vienen a verme.
Dependiendo del síntoma de sus hijos estudiamos: el transgeneracional y la vida de la mamá antes, durante y después de la gestación hasta el momento actual.
Cuando toman conciencia de la problemática que están somatizando sus hijos entran en un sentimiento de gran culpabilidad que perdura incluso después de que el niño, tras los cambios aconsejados se haya sanado.
Se sienten responsables del sufrimiento de sus hijos y pocas emociones son más demoledoras que pensar que tú,  le has ocasionado sufrimiento a lo que más quieres.

En este punto a algunas personas les ayuda tener una conciencia holística de nuestra realidad y pensar que es una experiencia que tanto el niño como la madre han decidido de antemano vivir juntos.
Pensar que hay una intención de evolución espiritual en todos nosotros, que se manifiesta a veces de modos dolorosos, para ayudarnos a tomar conciencia y propiciar aprendizajes de vida, ayuda a observar la situación sin auto-castigarse por ella.

Desde esta perspectiva libros como “Curación a través de un curso de milagros” de Enric Corbera, pueden ser de gran ayuda.

Pero aún si no se tienen creencias espirituales, se puede aprender de la situación sin entrar en la culpabilidad.
La dependencia y la fidelidad inconsciente del niño hacia su madre es absoluta y el inconsciente biológico del bebé, puede incorporar conflictos en pos de repartir cargas y garantizar su supervivencia.
Si la madre vive una situación conflictiva y enferma, el niño tiene muchas menos probabilidades de sobrevivir que si la madre está sana y es él el que enferma.

También puede verse como un acto de amor incondicional del niño hacia la madre, incorporando sus conflictos.
Sobre este tema Salomon Sellam ha escrito un libro donde explica muy bien el proceso:
“La incorporación emocional. Amar hasta caer enfermo.”

Otro caso típico en consulta, son mujeres con una gran culpabilidad por no sentirse bien en su papel de madre.

En las revistas de premamás  y en todos los medios de comunicación,  nos venden la época de gestación como un estado de éxtasis en el que la mujer siente amor, esperanza, ilusión, felicidad y la maternidad como una época donde la mujer se siente plena y feliz.
Pero hay mujeres que solo sienten todo esto a ratos y otros momentos se sienten invadidas, limitadas, agobiadas, con su libertad coartada, con ganas de salir corriendo y retomar su vida laboral cuanto antes.
Han vivido mal su embarazo y se han sentido agobiadas durante la crianza, aman a sus hijos y se sienten malas madres por desear alejarse de ellos.

Muchas de estas mujeres están funcionando con su cerebro masculino y por lo tanto viven con dos informaciones contradictorias: la información de su biología femenina (que es la que impera en los momentos en los que se siente a gusto en su papel de madre) y la información de su cerebro masculino que les pide salir de casa, trabajar, independencia, espacio etc.

Existen diferentes motivos por los que una mujer puede funcionar en masculino, ser zurda o haber sido deseada por sus padres como chico, son los más habituales.

Es muy satisfactorio ayudar a una mujer a entender que su comportamiento es coherente con su funcionamiento biológico, comprender que no es una mala madre y darle pautas que la ayuden a ser feliz en su maternidad, sin renunciar a su biología ni auto-castigarse.

Gemma Pitarch

Los hijos

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Los hijos no aprenden de lo que les dices y enseñas, aprenden de lo que tú haces.
Si quieres que te respeten, debes respetarte tú primero.
Si quieres que cuiden su salud, debes cuidar tú la tuya.
No puedes pedirles honestidad, mientras tú dices una cosa y piensas otra.
Si quieres que confíen en tu palabra, no los engañes y cumple lo que prometes.
Pretendes que sean sinceros mientras a ti te escuchan excusarte con mentiras cuando no te apetece algo.
Quieres que sepan gestionar sus emociones y tú eres el primero que se ve abrumado por ellas.
Pretendes que sean limpios y ordenados mientras te ven tirar papeles al suelo en la calle.
Hay tantas cosas que les pedimos y no hacemos…
Tu eres el espejo en el que se miran, si tienes un “pequeño demonio” en casa, mira tu vida y asume tu responsabilidad.
Lo fácil es pensar que el problema lo tienen ellos.
Y aún así has de saber que no tienes ninguna garantía de que sean como tú quieres.
Que por mucho que te empeñes trazarán el camino que han venido a vivir.
Tus hijos no son tuyos, al igual que tú, son seres espirituales viviendo su experiencia de vida, te guste o no.


Gemma Pitarch

¿Accidentes?

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Tras un accidente, es frecuente que nos asalten preguntas como: ¿Por qué a mí? ¿por qué ahora? ¿por qué así? ¿Por qué en este lugar o con estas consecuencias?
Partimos de cuatro premisas fundamentales:
-Nada sucede por azar
-La realidad es un espejo de lo que sucede en nuestro interior
-Cualquier acontecimiento que sucede nos está mostrando algo de nosotros mismos.
-Todo tiene un sentido positivo, (si decidimos aprender sobre nosotros a través de ello).

Creemos que un accidente es un suceso no previsto y fortuito, producto de la mala suerte. Pero lo cierto es que un accidente es muy similar a una enfermedad en cuanto a que también es una expresión de nuestro inconsciente, un medio a través del cual nos avisamos de la dirección que estamos tomando, de los miedos que tenemos activos, de los programas que estamos ejecutando en cada instante.

Es un aviso que sucede cuando no estamos atentos, pues normalmente antes de un accidente, nos hemos enviado muchos otros avisos previos que no hemos atendido. Es la última solución de nuestra psique ante una desatención permanente a uno mismo.
Debemos ser conscientes de que los accidentes también son nuestra creación y que funcionan como señales de aviso.

El accidente indica una necesidad directa e inmediata de prestarnos atención. Si estamos atentos a nosotros mismos, difícilmente vamos a tener un accidente grave, pues antes de eso tenemos multitud de pequeños avisos de la dirección que estamos tomando y si los atendemos, nuestro inconsciente ya no tiene la necesidad de seguirlos provocando.

Muchas veces la parte del cuerpo afectada durante el accidente, ya está debilitada, pues existe un conflicto activo relacionado con esa zona o bien una dolencia o somatización previa. Esto es muy común en las roturas de huesos, sobre todo aquellas que son consecuencia de “caídas tontas”. El accidente me permite observar esta debilidad haciéndola subir a la superficie. Desde la conciencia de ser creador inconsciente de lo que me sucede, puedo usarlo para preguntarme y cuestionar por qué y desde que información he creado tal forma de accidente y la lesión que ha producido. ¿Creado? Sí, todo hasta lo aparentemente fortuito lo estoy creando por resonancia inconsciente.

El accidente puede ser sinónimo de culpa. Es posible que si en mi infancia me castigaron severamente ante ciertos comportamientos, yo me castigue inconscientemente si tengo la sensación de hacer algo que no está bien.

Puedo sentirme culpable en una situación si sé que hago daño deliberado a otra persona,  pero en todas las demás situaciones, tengo que empezar a cambiar la palabra culpa por responsabilidad, necesito asumir mi papel de creador de lo que me sucede.
El miedo a equivocarse también se percibe frecuentemente bajo el aspecto de la culpabilidad en vez del de responsabilidad.

También puede suceder que tenga dificultad en afirmarme frente a una autoridad, hablar de mis necesidades o puntos de vista. Entonces un accidente puede protegerme de ese enfrentamiento que no soy capaz de realizar, (me siento víctima, me vuelvo víctima).

Frecuentemente el accidente me obliga a frenar mis actividades, por lo que puedo usar ese periodo para reflexionar sobre las razones de dicho accidente. ¿Perdí el control de la situación? ¿es para mí el momento de cambiar algo? ¿tengo dificultad en escuchar mi intuición y los avisos y señales que me envío? ¿observé cómo se produjo el accidente? ¿cuál era mi estado antes y después?

Es muy importante volver a mirar las condiciones que rodean el accidente; analizar las palabras usadas y tomar consciencia de qué ponen en evidencia y su relación con el accidente.

La predisposición a los accidentes es un estado que se produce durante una relación conflictiva con mi realidad, o conmigo mismo, (aunque en esencia son la misma cosa), la incapacidad de estar plenamente presente y consciente de mi universo y una desconexión de lo que sucede alrededor mío.
Hay accidentes en los que somos agredidos…simplemente porque pasábamos por allí en el momento inadecuado.
El tema de la agresividad descontrolada también tiene mucho que ver con los accidentes. Si creemos que la violencia solucionará nuestros problemas, actuamos como un imán que atrae mas violencia hacia nosotros.

¿Qué podemos aprender de cualquier accidente?
En todos los casos de accidentes: de tráfico, domésticos, laborales…  lo primero que debemos buscar es el mensaje que nos transmitimos a través de el, para solucionarlo de manera consciente y evitar su repetición. El accidente es como una señal que nos obliga a mirar en nuestro interior.
Pequeñas cosas en las que no nos paramos a pensar, como una quemadura mientras cocinamos o un pequeño corte en un dedo mientras cortamos verduras, los golpes en nuestro coche o una avería de un electrodoméstico nos aportan información valiosa sobre lo que pasa en nuestro interior.

Si se estropean objetos de la casa, el coche, nos roban, inundaciones… buscar la simbología del objeto en juego. Si es una lesión en nuestro cuerpo interpretarla con un diccionerio de bio o psicosomática.

Podemos y debemos hacernos preguntas:
¿Qué me quiere advertir este accidente?
¿Qué aspecto de mi vida debo transformar?
¿A qué cambio de comportamiento me estoy resistiendo?
¿Que estaba pensando y sintiendo en el momento del accidente?

Y cuando el accidente queda en un serio aviso, ¿qué me indica?.
Que debería cambiar mi estilo de vida, o puede que acabe en el hospital con varias fracturas y así gano tiempo para reflexionar. Un accidente con convalencencia, se convierte en una enfermedad con su tiempo de convalecencia, me estoy dando un periodo de reflexión.

Visto desde la psicogenealógia, los accidentes graves, son intentos de suicidio con más o menos fortuna.

¿Qué pautas se pueden seguir respecto a los accidentes?
– Si el accidente ya ocurrió, hay que interpretarlo para ser consciente del conflicto o la información que lo ha creado.
-Si tememos tener un accidente o alguien nos vaticina que lo tendremos, el cerebro se puede programar para que suceda y lo causaremos sin querer. En casos de miedo muy extremo a una predicción, la solución puede ser  realizárlo de manera simbólica, pues para el inconsciente será como si ya se hubiese cumplido.
-Para evitar accidentes:

Atención plena a los pequeños avisos para que no sucedan los grandes.

Atención plena cuando estamos en momentos de conflicto con nosotros mismos o con otros.

Atención plena cuando estamos ante cambios importantes porque podemos boicotearnos a través de un accidente, (son los producidos por el miedo).

Aprender a gestionar nuestras emociones.
Cambiar culpabilidad por responsabilidad y aprendizaje.
No juzgarnos, salir de la posición de víctima y actuar.
Canalizar la rabia y la agresividad  de manera constructiva o simbólica, a través de gritar a solas, pegarle a un saco de boxeo o hacer deporte, pero nunca reprimirla.

Gemma Pitarch

Baja autoestima

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La desvalorización o baja autoestima, siempre está estructurada en nosotros antes de los siete años.

Es la etapa en la que se forma nuestra psique y todo lo que suceda nos condicionará el resto de nuestra vida, si no hacemos nada voluntariamente para cambiarlo.

Cuando existe baja autoestima, la persona en todos los ámbitos de su existencia se mueve bajo creencias conscientes o inconscientes de:

No valgo para …

No soy lo suficientemente bueno para / en …

Tendría que haberme esforzado más ….

Me ha salido bien, pero no lo suficiente…

Podría haberlo hecho mejor ….

Siempre hay otro más inteligente que yo, que tiene más suerte que yo o más atractivo que yo, más eficiente que yo …

La persona gestiona esta información de varias maneras:

  • Acepta ese “ no valgo” como algo inamovible y vive su existencia como victima de las circunstancias externas, sobre las que cree no tener ningún control.

¿ejemplos?

-¿Como voy a encontrar trabajo con la crisis que hay?.

-Con la edad que tengo ¿donde voy a ir?

  • La persona se fija en otro que considera “ más y mejor “ y sigue sus pasos, la imita, intento hacer lo mismo, tener lo mismo, llegar donde llega el otro… La admira y la odia al mismo tiempo, porque siempre la ve superior.
  • O bien por reacción, genera  una personalidad competitiva, perfeccionista y exigente, derrochando una cantidad enorme de energía, en el esfuerzo de ser (o al menos parecer) perfecto, exitoso, abundante, inteligente, feliz…

¿Ejemplos?

  • No me conformo con sacarme una carrera, me saco tres.
  • Vivo por encima de mis posibilidades llevo un mercedes pero en casa tengo la nevera vacía.
  • Cuelgo constantemente fotos en redes sociales que me muestran sonriente desayunando junto al mar, en el spa, viajando o al lado de alguien importante y me retroalimento emocionalmente con los comentarios de admiración de mis seguidores.

Relájate, date permiso para ser tú, para tropezar, para mostrar tus debilidades.

Busca tu valor dentro de ti, no en los demás, sé tú mismo aunque de miedo.

Cuando imitas, cuando envidias, cuando finges algo que no eres, estás entregando a los demás el control de tu vida.

Tú lo eres TODO en esencia, genuino en tu individualidad, capaz de crearte a ti mismo, de construirte y reconstruirte una y mil veces.

Pero sobre todo hasta que tú no te aceptes tal y como eres, nadie lo hará.

Gemma Pitarch

 

La fantasía de la dualidad

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Todas las situaciones en la vida nos ofrecen una oportunidad de auto-conocimiento, puesto que mi reacción ante lo que sucede, no depende de lo que realmente sucede, si no de cómo yo lo estoy viviendo o lo estoy juzgando.

Quiere decir que NADIE puede ver al otro como realmente es, puesto que lo está observando a través de sus propios filtros mentales y va sacando conclusiones en base a sus propias creencias y experiencias del pasado.

La forma en la que yo veo cada situación, depende exclusivamente de mi estructura mental y emocional y de mi sistema de creencias, por lo tanto cada situación habla única y exclusivamente de mi.

Es por esto que ante una misma situación, varias personas pueden reaccionar de formas totalmente distintas y podemos discutir eternamente sobre un concepto sin llegar a un entendimiento.

Únicamente teniendo en cuenta este funcionamiento de nuestra mente, podemos poner “en observación” nuestros juicios y sentimientos sobre otras personas y antes de emitirlos o sentenciar a nadie preguntarnos: ¿qué dice esto de mi?, ¿qué conflicto tengo yo con este sentimiento o situación?,  ¿a qué tipo de experiencias y creencias personales se deben mis juicios?.

Es un ejercicio profundo de honestidad y amor hacia uno mismo y por lo tanto hacia los demás. Puesto que cuando reconoces que no sabes absolutamente nada del otro y trabajas únicamente en ti, trasciendes la fantasía mental de la realidad, la fantasía de la separación con el otro y empiezas a ver con el corazón, con la certeza de unidad que todos somos.

“Amarás al otro como a ti mismo” quiere decir exactamente ésto. Si juzgas al otro, no te amas absolutamente nada, puesto que para ver la inocencia en los demás, primero la tienes que encontrar en ti.

Gemma Pitarch

Resistir o fluir

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La belleza del movimiento impredecible de la vida ….

Maravilloso observar imágenes de la Tierra rotando desde el espacio. Hipnótico observar un volcán en erupción. Qué energía cuando las olas rompen embravecidas contra la costa…

Y qué hermoso observar todo esto cómodamente sentado en mi sofá, creyéndome ajeno a ese movimiento.

Si, todo se mueve pero yo ¡Dios mio que me quede como estoy!. 
Pues claro, me han enseñado desde que nací a esforzarme para conseguir algo que me dé seguridad y estabilidad y luego a defenderlo con uñas y dientes, para que permanezca como a mi me gusta y el tiempo que yo quiera.

Disculpa que me ria pero, ¡que gran generador de sufrimiento!.
Vives en un planeta, en una galaxia, en un universo en constante movimiento ¿y pretendes que tu vida no cambie?.
Cuando vives resistiéndote al movimiento y al cambio e intentando que todo permanezca como tu quieres, toda tu energía vital y tu tiempo se te van en ese empeño, agotas tu cuerpo y tu mente para nada.

La estabilidad y la seguridad vistas como estados en los que todo permanece siempre igual, son fantasías de tu mente consciente.
La mente no puede percibir la maravillosa armonía que existe en el universo, tan solo imaginarla con limitados recursos.
Lo que sí puede entender es un ejemplo sencillo:
Este universo se mueve, se transforma y evoluciona constantemente igual que tu, quieras o no ya que formas parte de él.

Puedes intentar en vano resistirte al empuje de la ola o fluir con ella, surfear tu vida y acompasarte con su movimiento, marca la diferencia de como llegas a la orilla.
Pues a la orilla todos llegamos… Unos riendo y otros sufriendo.

Gemma Pitarch

Camino de vida

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Hemos nacido y sido educados en un contexto social que procura que todo sea fácil y cómodo.  A nuestro personaje (Personalidad, ego), le encanta esta sensación de moverse dentro de parámetros pre-establecidos, donde todo es previsible, y hasta lo imprevisto tiene ya una solución prevista por alguien, la “zona de confort”.

A nuestro cerebro humano, no le gustan los cambios que implican salir de lo conocido y dispara toda una batería de miedos para disuadirte del intento. Es por esto que la mayoría de las personas pasan su vida deseando alcanzar un objetivo de estabilidad y la otra mitad luchando para no perderlo.

Nuestro cerebro genera la ilusión de estabilidad y permanencia que nada tiene que ver con el universo cambiante en el que existimos.

Además nuestro cerebro es especialista en el autoengaño, de manera que hasta cuando aparentemente nos salimos de los patrones pre-establecidos y emprendemos el camino de la espiritualidad o el desarrollo personal, seguimos sujetos a sus leyes del miedo a lo desconocido sin percibirlo.

En el mundo de la conciencia hay una tendencia bastante extendida a creer que cuando vamos bien es cuando todo fluye, cuando todo se hace fácil.

Nos volvemos expertos en interpretar señales del universo, que nos indiquen cuál es la dirección.

De manera que cuando al iniciar un nuevo camino encontramos impedimentos, pensamos que la vida nos está dando un aviso de “ por ahí no”.

Yo he escuchado muchas veces esa frase: “creo que la vida me está diciendo que ese no es mi camino, ( mi trabajo, mi pareja, mi decisión de cambio…) porque todo me sale mal”.

De esta manera hemos caído de nuevo en la trampa del miedo, disfrazado esta vez de espiritualidad.

¡La vida, el universo, Dios o como lo quieras llamar, no tiene ninguna intención personal de llevarte por una senda concreta!

El universo es impersonal, sólo manifestación y existencia en todas sus posibilidades.

Y tú también estás aquí para manifestarte, experienciarte y existir en todas tus potencialidades.

Eres tú todo el tiempo, expresándote desde el ser creador que eres, el que generas esa realidad que estás viviendo, con sus impedimentos y dificultades.

Esos impedimentos hablan única y exclusivamente de tus miedos no asumidos y reconocidos, proyectados y manifestados por tu parte creadora en lo externo, para que los puedas ver y asumir.

Por lo que sólo el juicio o la etiqueta de malo o bueno, que tu personalidad pone a lo que sucede o la resistencia que tiene a aceptarlo, es la que genera el sufrimiento que sientes.

El miedo nos hace seguir caminos ya recorridos por otros, seguir ejemplos de personas que ya han logrado lo que pretendemos, copiar, imitar… En definitiva, el miedo nos convierte en un sucedáneo, en una caricatura de otro al que le hemos otorgado el poder de la verdad, del éxito o del camino correcto.

¡Las dificultades que encuentras son tu mejor maestro! Te están hablando continuamente de tus miedos y de todas las emociones que no has querido sentir y que has escondido a lo largo de tu vida.

Todo lo no resuelto, tu ser esencial te lo pone delante una y otra vez con todo el amor del mundo para que lo mires.

 Pero al seguir escondiéndolo, al seguirte negando a mirar de frente lo que te duele, perpetuas tu propio sufrimiento.

Sí, tú lo generas resistiéndote y mirando hacia otro lado.

Tienes a tu disposición en todo momento al mejor maestro que jamás encontrarás, tu propia vida.

A través de tus dificultades puedes ir desmontando todo tu personaje con sus apegos, miedos, creencias y necesidades, para así descubrir quién tú verdaderamente eres. Tu YO SOY en lo interno.

¿Quieres saber cuál es tu camino? Sí, el que te dé más miedo.

Sentir el miedo

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Todos los seres humanos tenemos miedos. El miedo siempre está detrás, sea evidente o no, de cualquier emoción que seamos capaces de sentir.

Si no existiera el miedo o si fuéramos capaces de no dejarnos influenciar por él, sentiríamos amor incondicional en cualquier situación.

Los maestros de la historia decían que el amor solo se puede experimentar ante una ausencia total de miedo.

Es por eso que al humano le cuesta tanto experimentar el amor incondicional.

El miedo es característica humana, el amor característica divina y ¡somos ambas cosas!

El miedo nos ha permitido sobrevivir en el mundo biológico, el miedo a lo desconocido es arcaico y nos ha capacitado para evitar potenciales peligros e ir con cautela en entornos hostiles. Hoy en día nuestro cerebro evolucionado aporta infinidad de matices a este miedo heredado de nuestros ancestros animales.

Lo vemos reflejado en el rechazo a cualquier cosa que no conocemos, una idea distinta a la nuestra, otra cultura, otra religión, otra raza, …… , pero también en muchos otros aspectos, de modo que todo lo que llamamos “emociones ” esconden un miedo.

Los celos son miedo a perder, la ira miedo a no tener razón, la envidia miedo a no ser lo suficientemente bueno o a no tener lo suficiente, la impotencia miedo a no ser capaz de…

Hasta cuando nos enamoramos hay miedo al rechazo o la perdida y no somos capaces de mostrarnos como somos.

Entonces si el miedo forma parte de todos los aspectos de ti como Humano, mientras estés en este planeta dentro de un cuerpo físico, deja de huir de él y de negarlo, es parte de ti. Tienes brazos, piernas, ojos, piel….. y miedo.

Nos pasamos la vida buscando sentir ese amor incondicional que nos han contado se puede sentir y que te fusiona con la totalidad de lo que somos, pero equivocamos la búsqueda.

Creemos que ese amor hay que buscarlo persiguiendo las emociones de bienestar, la luz, la conexión con el sol, la tierra, las estrellas… Pero así nunca lo encontramos porque le damos la espalda a nuestro miedo. Rechazamos una parte de nosotros mientras pretendemos encontrar el amor incondicional, esto es si mismo es una incoherencia.

Si el amor incondicional solo se da en ausencia o aceptación total del miedo, en esta experiencia humana va a ser francamente difícil sentirlo…

A no ser que en un arranque de autentica coherencia, te dejes sentir ese miedo de igual forma que te permites sentir el placer. Tal vez así, experimentando, aceptando e integrando tu miedo en tu experiencia de vida, puedas sentir el infinito AMOR hacia ti mismo que hay implícito en ese acto.

Gemma Pitarch

El niño interior

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Seguro que alguna vez has visto a un niño, pequeñito darse un golpe con algún objeto y romper a llorar diciendo: ¡la mesa me ha pegado! o ¡la silla me ha hecho pupa!.

Es una anécdota graciosa que todos los niños hacen en algún momento de sus vidas.

Luego cuando son algo mayores, saben que la mesa no les pega pero igualmente la culpa de lo que les pasa siempre es de otro niño, el profesor, o cualquier otra circunstancia externa a ellos.

Los niños no tienen recursos propios para gestionar lo que les pasa y necesitan de los adultos para solucionar sus problemas.

La diferencia entre un adulto y un niño es que el adulto se hace responsable de su vida mientras que el niño no puede.

De echo cuando por circunstancias sociales un niño se ve obligado a salir adelante solo, lo que hace es sobrevivir, no vivir.

Cualquier carencia afectiva o situación traumática vivida durante la infancia, ocasiona que una parte de nosotros se quede como congelada en el tiempo.

Nuestro cuerpo sigue creciendo, pero nuestra evolución emocional o psíquica se para en ese momento de carencia o drama para siempre.

Casi todos nosotros somos niños heridos, habitando dentro del cuerpo de un adulto.

A esto hay que añadirle que desde hace mucho tiempo, la educación social que recibimos está específicamente diseñada para generar seres dependientes.

La autosuficiencia no interesa, no es lucrativa ni facilita el control de la población.

Tenemos tan interiorizada la dependencia de lo externo que retomando el ejemplo del niño, Cuando llora porque la mesa le hace pupa, viene la mamá y le pega a la mesa, ¡¡ mala, mala, mala que le has hecho pupa al nene !!. Reforzando así ya desde la cuna, dicha programación.

Entonces ¿cómo identificar al niño que vive en el cuerpo del adulto?.

Te doy algunas pistas:

Si sientes que no vives tu vida, si no que más bien la sobrevives.

Si usas a menudo frases como: “ estoy cansado de luchar “.

Si sueñas constantemente con que algún día, aparezca alguien o algo que te rescate de tu situación, padre, madre, novio, novia, médico, terapeuta, la lotería…

Si estas permanentemente esperando que tu situación cambie, que tu marido, mujer, trabajo,casa, cambien, para así estar mejor.

Si crees que cuando tengas un teléfono mejor, una casa mejor, un coche mejor… serás más feliz.

Déjame decirte:

No hay diferencia entre decir que sufres por culpa del gobierno o porque la mesa te ha hecho pupa.

La diferencia entre un niño y un adulto es, que el adulto se hace responsable de su vida y de lo que le pasa.

El adulto toma determinaciones y decisiones, actúa en consecuencia y si no obtiene el resultado que espera, aprende de ello y lo intenta de otro modo.

El adulto cambia lo que no le funciona y no espera que los demás cambien.

El adulto construye su propia realidad, no espera que otros vengan a sacarle de sus apuros.

El adulto se hace cargo de lo que siente, no culpa a los demás de sus sentimientos.

Cuando vivimos nuestra vida desde el niño herido no la vivimos, la sobrevivimos.

Sanar las heridas de nuestro niño interno se hace necesario para hacernos cargo de nuestra realidad de adultos y poder cambiarla.

Pues mientras este trabajo no esta hecho, vivimos con la sensación constante de no tener recursos, capacidad o fuerzas suficientes para afrontar lo que nos pasa.

Al igual que un niño que estuviera solo en el mundo, caminamos mendigando ayuda y esperando que alguien venga y nos rescate.

Solo una parte de nuestra mente se ha quedado atrapada en la infancia. Pero el enfoque, el punto de vista desde el que observamos nuestra vida se encuentra ahí y desde esa perspectiva no vemos nada más que nuestro miedo y falta de recursos.

Por eso interesa a nivel social mantenerte en la mente infantil, porque desde esa visión es fácil convencerte de cualquier cosa.

Desconfía de los discursos que condenan la auto-suficiencia y auto-responsabilidad, alegando que no tienes los estudios, la inteligencia o la capacidad de discernimiento suficiente, para saber lo que te conviene.

Suelen proceder de niños viviendo en un cuerpo de adulto. Niños que sobreviven aferrados a un título o cargo que creen importante y cuya falsa seguridad procede únicamente, de la fantasía de sentirse protegidos por papa sistema.

En realidad tienes de serie, todo lo que necesitas para ser auto-suficiente y auto-responsable.

Solo que nadie te lo ha dicho hasta ahora.

Tus recursos son ilimitados, el único límite que tienes, es el que tú te pones.

Si a un niño le dices que no abra nunca una puerta de la casa, porque lo que hay dentro da mucho miedo y es muy peligroso para el, no la abrirá jamás.

Y así nos pasamos la vida, viviendo con esa habitación que contiene todos nuestros recursos y sin atrevernos a abrir la puerta.

Entonces para hacerte cargo de tu vida, el primer paso es sanar a tu niño interno, para después posicionar tu mirada en el adulto que eres y desde ahí, abrir la puerta.

Gemma Pitarch.