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La programación

By 18 septiembre, 2020 No hay comentarios

Lo mas difícil para la mayoría es ver mas allá de su programación, para eso no se requiere unas capacidades o una inteligencia especial, se requiere «querer ver», se requiere estar dispuesto a aprender algo nuevo.

Las personas se sienten cómodas mirando solo aquello que refuerza las ideas que ya tienen. Pero no quieren mirar las ideas distintas en profundidad y con apertura, porque eso supone incomodidad y la posibilidad de darse cuenta que tal vez, en algunos aspectos han basado su vida en ideas concebidas por otros para mantenerlos en un estado hipnótico concreto.

¿Quiere realmente un religioso mirar qué tienen de bueno las ideas científicas? ¿O un científico qué tienen de bueno las ideas religiosas?
Quiere un militante de derechas mirar qué tienen de bueno las ideologías de izquierdas o un militante de izquierdas mirar lo bueno de las ideologías de derechas?
¿Quiere un rico mirar a un pobre en profundidad o un pobre a un rico?
Normalmente no, porque nos incomoda ya que nos enfrenta con nuestra propia programación y eso nos hace cuestionar nuestra hipnosis.
Si miramos de verdad, corremos el riesgo de cambiar, y eso a nuestra psique no le gusta porque cree que perderá el control.
Aunque el control que tenemos en esta realidad sea sumamente precario, y una idea absolutamente subjetiva, pero nuestra psique la necesita.

Las posibilidades de despertar de la hipnosis colectiva están en relación directa a la cantidad de verdad que uno puede aceptar sin huir.

De todas las cosas que das por sentadas, de todas las cosas que crees necesitar o amar, ¿cuantas estas dispuesto a perder o a ver destruidas?

Esta pregunta causa miedo y la cantidad de miedo que sientas ante ella, es proporcional al margen de cambio que te vas a permitir.

He dicho muchas veces que el ser humano tiene terror a lo desconocido, pero la situación actual me ha hecho ver que estaba equivocada.
No podemos temer algo que no conocemos, sin embargo a lo que si le tenemos verdadero terror, es a perder lo que conocemos. Por eso mucha gente está paralizada a pesar de que señales de que necesitan cambiar, hay por todas partes.

Escuché al respecto una metáfora que me gusto mucho.
La metáfora del Titanic, es como si hubieses gastado tanto dinero en comprar un camarote de primera clase, tanto esfuerzo en conseguir ese lugar, que prefieres no mirar que el barco se está hundiendo , prefieres no preocuparte por los movimientos y las caras de preocupación de la tripulación, y sigues en el salón principal aferrándote a tu copa de vino y la música de los violines…

Gemma Pitarch.

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