HUMANO, ESE CURIOSO SER QUE SUFRE POR NO SUFRIR.

Mountain Climber

Cuando algo duele mucho, pero mucho y parece que nada de lo aprendido lo calma, que ninguna técnica funciona, tal vez sea el momento de pararse a sentir, de acompañar ese dolor, dejarlo ser, respirarlo, dejar de resistirse, aceptar y respetar ese proceso en el que te encuentras inmerso.
Sin ninguna intención precisa, sin tratar de cambiarlo, sin tratar de averiguar un “por qué” o un “hasta cuando”, sin buscarle soluciones ni negarlo, sin buscar distracciones ni taparlo…
Permitir ser y expresarse a tu dolor, porque ese dolor no viene de fuera, llega de dentro, de muy dentro y tal vez esté guardado ahí desde hace mucho.
Todos llevamos una mochila en la espalda llena de dolores escondidos, no sentidos, no reconocidos, no aceptados. Algunos los escondimos conscientemente ya de adultos, otros se guardaron de modo automático en la infancia porque cuando sucedieron, no teníamos recursos para gestionarlos.
Y llega un momento que la mochila no aguanta más peso y todo empieza a salir. Por el cuerpo con síntomas, por los ojos con lagrimas no justificadas, por el comportamiento con desequilibrios de todo tipo…
Si ya has llegado a ese punto no te queda más remedio que encararte con un monstruo enorme y lo sé, no será fácil y da mucho miedo, pero también sé que mirar todo eso no puede hacerte más daño del que ya te está haciendo, por el contrario te hará mucho bien…
También puedes seguir tapándolo (siempre es tu elección) y llenando tu mochila de parches y remiendos de toda clase, en la farmacia y el hospital tienes una gran surtido de ellos, pero sabe: si no aligeras peso, esos parches terminan cediendo, todo tiene un límite.
“El ser humano es el único animal que sufre por no sufrir”.
Mira tu dolor, permítelo ser, siéntelo, porque cuando aparece no lo hace para que sufras, lo hace con todo el amor del mundo para que lo mires, lo reconozcas y lo dejes marchar.
Gemma Pitarch.

El perdón

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La necesidad de perdonar, surge de la necesidad de calmar el sufrimiento que nos genera estar odiando.
Y tu odio surge de esa parte de ti (tu personaje o Ego) que clasifica las cosas de buenas o malas, apropiadas o no, tolerables o no… La parte de ti que juzga el mundo todo el tiempo y se cree en posesión de la verdad y la razón. Todo eso es mente y el perdón, el verdadero perdón surge del corazón.
Tenemos interiorizado un concepto de perdón en el que: yo reconozco mi error, pido perdón y tú me perdonas. Pero no es un perdón real, en tu mente solo es una tregua que me das mientras no vuelva a cometer el mismo error.
Si lo repito tu mente abrirá el cajón de las afrentas pasadas y concluirá que ya es demasiado y esta vez, no puedes perdonarme.
Esto sucede porque esa clase de perdón se otorga cual gracia divina, desde una posición de: yo estoy en lo cierto, si tú reconoces tu error, yo te perdono.
A veces hasta podemos otorgarlo sin que lo reconozcan: yo estoy en lo cierto y aunque tú no lo reconoces, como soy una persona de “buena fe” o “como te quiero”, voy a olvidarlo (al menos por esta vez).
Todo ésto es Ego. Es tu personaje que previamente ha juzgado que el comportamiento de la otra persona está mal, es decir estás dando por sentado que tú tienes la razón y el otro no y mientras te creas poseedor de la razón, tu perdón solo será una concesión.
Solo desde el corazón se puede dar el no juicio, la conciencia de que cada persona actúa de la única manera que sabe y puede en cada momento, en base a su situación y programación. La certeza de que cada persona procesa la realidad desde sus filtros y nadie tiene en propiedad la verdad.
Solo desde una mirada limpia y una compresión más profunda que integre aprendizajes y no faltas, es que se puede entender lo siguiente:
“Cuando no hay juicio tampoco hay necesidad de perdonar”.
Si llevas tiempo haciendo trabajo de perdón, llevas tiempo perdiendo el tiempo.
Mira lo que tanto te molesta o te duele como algo tuyo (porque lo es) y trabájalo en ti.
El proceso de perdonar, dura el tiempo que tardes en dejar de juzgar.
Gemma Pitarch

La mente te miente: la mente no puede comprender ni sentir la vida. (Video)

Cuerpo - Mente - Espíritu

Llegar a la paz interna o a la comprensión de la vida a través del conocimiento y la teorización de ideas, es una tarea infructuosa. La mente no puede comprender ni sentir la vida.
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La mente ..

laberinto

 

El rey Minos, poderoso monarca de Creta, hijo de Zeus, mandó construir un enorme laberinto para esconder al Minotauro. Criatura engendrada de la relación de su mujer y un toro blanco.
Atenas y Creta están en guerra y por diferentes agravios, Atenas debe entregar durante 9 años 7 jovenes y 7 doncellas para ser devorados por el Minotauro y liberar con ello a su pueblo.
Teseo hijo del rey de Atenas, se esconde en uno de esos grupos de jovenes, dispuesto a matar al Minotauro.
Al llegar a Creta, Ariadna la hija del rey se enamora de Teseo y le entrega un hilo, “el hilo de Ariadna” para que pueda encontrar la salida.
Teseo entra en el laberinto desenrollando el hilo, encuentra al Minotauro y le da muerte, encontrando de nuevo la salida enrollando el hilo de Ariadna.

La mente es un complejo laberinto en el que están ocultos todos nuestros monstruos, devorando cualquier atisbo de pureza que acierte a adentrarse en sus pasillos.
En algún momento todos debemos adentrarnos en el laberinto de nuestra mente y descubrir a sus moradores.
Pero al igual que en la historia mitológica, asegúrate de marcar el camino de retorno, porque no hallaras el sentido de la vida dentro del laberinto de tu mente. La vida y su sentido profundo te esperan cuando sales de ella.
Gemma Pitarch.

Cuando atraviesas tus miedos …

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El odio, los celos, la ira, la tristeza … son diferente formas que tu mente usa para protegerse de lo que teme. Vamos construyendo corazas, capas y más capas de protección y terminamos identificándonos con esas corazas. “Así es como somos” Somos celosos, irascibles, envidiosos, malos, débiles ….
Y pensamos que la solución, sólo la vamos a encontrar en alguien o algo que compense o nos aporte eso que no tenemos.
Nos convertimos en incansables buscadores de fidelidad, protección, amor y abundantes objetos materiales pero nunca estamos saciados ¿verdad? El amor que encuentras nunca está a la altura de tus expectativas, las cosas que adquieres nunca terminan de llenar tu vacío, la protección que encuentras nunca te hace sentirte plenamente seguro, y la rabia que proyectas nunca te deja tranquilo y en paz.
Sólo cuando reconoces que todo eso son compensaciones de algo que crees que no tienes, te atreves a desarmar tus corazas, a atravesar tus miedos…. Una mirada honesta hacia ti mism@, es lo único que hace falta para encontrar lo que siempre estuvo ahí.
Gemma Pitarch.

Los niños “normales”

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Ser “normal” no significa estar bien, sano, equilibrado …. Significa estar en la “norma” ¿y quién establece las normas?, ¿personas normales?. Krishnamurti dijo: “No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.
A muchos adultos que están más o menos dentro del mundo de la conciencia les encanta esta frase, pero luego veo como se empeñan en que sus hijos sean “normales”.
Se preocupan si no cumplen los objetivos pedagógicos del “sistema de educación” o no siguen el “ritmo normal del desarrollo cognitivo”. Hoy día cualquier niño que no cumple el estandard es diagnosticado de algo, (el top one es el TDAH) hace 20 o 30 años era el niño tonto, el retrasado.
Un niño que no entiende por qué tiene que memorizar datos y más datos, aprender materias que no va a usar en su vida, que no soporta estar 8 horas sentado en una silla, que cuestiona el: “porque yo lo digo” o el “porque así son las cosas”. Un niño que es reactivo a aprender con el método de orden y castigo, (que por cierto nos escandaliza mucho que se use con los animales, pero permitimos con nuestros hijos) es un niño PERFECTAMENTE SANO.
Lo que debería preocuparnos es el niño que desde la primera infancia ya está perfectamente adaptado al sistema. Lo que necesitamos son nuevas generaciones de “inadaptados”, gente libre pensadora, no más borreguitos.
Gemma Pitarch.

Taller de trabajo personal

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La familia tiene su propia memoria colectiva a la que todos sus miembros estamos conectados y tenemos acceso. Existe una memoria común compartida por todos los miembros del clan, hayamos o no convivido en el mismo espacio tiempo. Al igual que heredamos ser rubios, altos y con ojos azules, heredamos los comportamientos, los contratos. Los secretos y los no dichos ejercen un tremendo efecto en las siguientes generaciones.

Por otra parte, el deseo y el ambiente emocional con el cuál somos concebidos, va a determinar de una forma profunda nuestro carácter e incluso nuestra profesión y nos podemos encontrar viviendo inconscientemente condicionados por estos aspectos. Una enfermedad, una creencia, un comportamiento o una proyección que estemos viviendo en el momento presente y que nos condiciona la vida, puede tener su origen en esta etapa. El bebé va a grabar en su inconsciente, todo lo que la mamá vive emocionalmente, hasta la edad de los tres años (durante este periodo de tiempo también hay que tener en cuenta los deseos que el padre proyecta sobre el niño).

¿Cuál es el objetivo de este taller?

En este taller teórico-práctico trabajaremos a fondo el origen más profundo de nuestros problemas. Para ello investigaremos en las memorias familiares heredadas (que generan el potencial de vivir ciertas situaciones) y la información gestacional y de primera infancia que tanto nos marca. Con todo ello buscaremos la mejor estrategia posible para abordarlo y trascenderlo. Un fin de semana liberador porque además del aprendizaje, saldrás con el trabajo hecho.

Buscamos paz y tranquilidad, pero para ello hay que TOMAR CONCIENCIA de cuál es el problema y sobre todo, TOMAR ACCIÓN. Nosotros te brindamos la oportunidad de acompañarte en este proceso y para ello pondremos a tu servicio nuestra experiencia. Te garantizamos un ambiente relajado y adecuado para hacer un buen trabajo.

Sólo reconciliándonos con la percepción de nuestra historia podemos empezar a ser conscientes del aspecto positivo que nos aporta esa experiencia y encontrar la paz interna que tanto anhelamos.

Acompañan: Gemma Pitarch y Carlos Muñoz.
Lugar: CENTRO CASAMAYOR c/Cardenal Pou 5, bajos (junto a la plaza de los patines), PALMA.
Para más información puedes llamar al 601038097 o escribir a: softwarerojo@gmail.com

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