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El rol de salvador

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El acto de ayudar a otros está muy bien visto socialmente y nos hace sentir buenas personas, pero poca gente se para a pensar en los motivos reales que se esconden detrás de la necesidad de ayudar o salvar al otro.

Nuevamente este es un artículo que levantará ampollas, ya que voy a poner en tela de juicio que tu vocación altruista sea precisamente eso, altruista y desinteresada.

Cuando decides ayudar a alguien previamente has hecho un juicio, has juzgado que la vida, el comportamiento o la actitud de esa persona son un error.

Después has llegado a la conclusión de que tú sabes lo que es mejor para él, sabes lo que tiene que hacer, tienes la capacidad de enseñarle el camino correcto y de aportarle aquello de lo que carece.

Pocas personas llegan más profundo y toman conciencia de que esa persona a la que pretenden salvar, o esa forma de vivir que juzgan equivocada les refleja su propio sufrimiento interno, su dolor escondido, ese que no quieren mirar y que por lo tanto sólo pueden ver a través del otro.

Es imposible que tú puedas sentir el sufrimiento que siente otra persona, lo que sientes es tu propio sufrimiento proyectado en la otra persona.

De modo que necesitas que salga de esa situación para dejar de sentir lo que sientes.

Somos tan reacios a adentrarnos en nuestro dolor y reconocer nuestro sufrimiento, que nos auto-engañamos pensando que no es nuestro.

Y cuando conseguimos que esa persona salga de su situación nos sentimos aliviados y pensamos que hemos hecho una buena acción, cuando en realidad el alivio que sentimos es porque hemos conseguido dejar de ver nuestro sufrimiento.

Cuando yo aporto mis propias soluciones o formas de ver el problema, cuando doy consejos al otro, estoy diciéndole que haga precisamente lo que yo necesito hacer, estoy proyectando mi historia.

Así que escucha bien los consejos que das, porque son los que necesitas.

Además entro como una locomotora en la vida del otro diciéndole cómo tiene que actuar e incluso actuando por él, privándole así de toda opción de vivir su propia experiencia libremente y aprender de ella, no le permito vivir su propio proceso.

Hay personas que en un arranque de sabiduría de libro, aplican el famoso proverbio chino de:

si le das a un hombre un pez comerá un día, si le enseñas a pescar comerá toda su vida”.

Pero yo voy más lejos con lo que quiero explicarte: ¿en base a qué has decidido que ese hombre necesita, quiere o debe aprender a  pescar?

Estamos todo el tiempo decidiendo lo que es mejor para el otro y pensando que somos buenísimos por ello.

Cuando ayudas a alguien estás reforzando en su mente la creencia de que su situación es mala, equivocada, y que además no puede salir de ella sólo.

Le estas arrebatando su confianza en sí mismo y toda posibilidad de encontrar su propia fuerza interna.

Esa persona no se siente una víctima de sus circunstancias hasta que el mundo, con su mirada de juicio lo coloca en ese lugar.

Al igual que un niño cuando aprende a caminar y se cae juzga su caída en base a la reacción de sus padres, si ríen se levanta, si se asustan llora y pide ser levantado.

Pero tú no podrás verlo de otra modo hasta que no mires hacia dentro, veas tu propio dolor, lo asumas y encuentres en ti esa parte que se sabe unida con todo lo que existe.

Y te des cuenta de que nada ni nadie en este mundo es un error, que tú no eres un error, que la equivocación no existe y que todo lo que nos sucede son experiencias que en algún nivel de consciencia hemos elegido experimentar.

De ese modo vas a poder ver en el otro esa misma consciencia y ese mismo espíritu que todos somos. Desde esa nueva mirada el otro podrá ver su propio poder en tus ojos y su propia responsabilidad en la elección de esa experiencia y en lo que hace con ella.

Sólo a través de una mirada limpia y sin juicio es que estarás haciendo algo por el otro, porque lo habrás hecho previamente por ti y el otro podrá ver en tu mirada su propia grandeza.

La mejor forma de aportar algo es actuando en ti, de modo que el que esté dispuesto a cambiar, pueda ver su propio potencial de cambio reflejado en tu vida.

Y por último el mayor acto de amor que existe es aceptar la posibilidad de que el otro no quiera cambiar su situación y ser capaz de respetarlo sin juicio y sin vivirlo como un fracaso personal.

¿Desde dónde ayudas?

Gemma Pitarch

Pensamiento recurrente

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Los pensamientos no son tuyos, “aparecen y desaparecen de tu mente”.

Lo importante no es el pensamiento que aparece, si no lo que tu piensas sobre el pensamiento.

Si no lo juzgas de nocivo, si no empiezas una lucha para cambiarlo o hacerlo desaparecer, si simplemente lo observas y no te lo crees, entonces ese pensamiento no puede hacerte sufrir.

Un instante de dolor que aparece y desaparece como una ola, pero no sufrimiento.
El sufrimiento proviene de tu lucha contra el pensamiento.
Tu no eres ese pensamiento que no te gusta, eres “el observador de lo pensado”.

Y en última instancia eres el que decide si ese pensamiento te interesa, es real o te conviene hacerle caso.

Gemma Pitarch.

Los “niños normales”

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Ser “normal” no significa estar bien, sano y equilibrado. Significa estar en la “norma” y ¿quién establece las normas?, ¿personas normales?.

Krishnamurti dijo: “No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

A muchos adultos que están más o menos dentro del mundo de la conciencia les encanta esta frase, pero luego veo como se empeñan en que sus hijos sean “normales”.
Se preocupan si no cumplen los objetivos pedagógicos del “sistema de educación” o no siguen el “ritmo normal del desarrollo cognitivo”.

Hoy día cualquier niño que no cumple el estandard es diagnosticado de algo, (el top one es el TDAH) hace 20 o 30 años era el niño tonto, el retrasado.
Un niño que no entiende por qué tiene que memorizar datos y más datos, aprender materias que no va a usar en su vida, que no soporta estar 8 horas sentado en una silla, que cuestiona el: “porque yo lo digo” o el “porque así son las cosas”.

Un niño que es reactivo a aprender con el método de orden y castigo, (que por cierto nos escandaliza mucho que se use con los animales, pero permitimos con nuestros hijos) es un niño PERFECTAMENTE SANO.
Lo que debería preocuparnos es el niño que desde la primera infancia ya está perfectamente adaptado al sistema.

Lo que necesitamos son nuevas generaciones de “inadaptados”, gente libre pensadora, no más borreguitos.


Gemma Pitarch.

El perdón

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La necesidad de perdonar, surge de la necesidad de calmar el sufrimiento que nos genera estar odiando.
Y tu odio surge de esa parte de ti (tu personaje o Ego) que clasifica las cosas de buenas o malas, apropiadas o no, tolerables o no…

La parte de ti que juzga el mundo todo el tiempo y se cree en posesión de la verdad y la razón. Todo eso es mente y el perdón, el verdadero perdón surge del corazón.
Tenemos interiorizado un concepto de perdón en el que: yo reconozco mi error, pido perdón y tú me perdonas.

Pero no es un perdón real, en tu mente solo es una tregua que me das mientras no vuelva a cometer el mismo error.
Si lo repito tu mente abrirá el cajón de las afrentas pasadas y concluirá que ya es demasiado y esta vez, no puedes perdonarme.
Esto sucede porque esa clase de perdón se otorga cual gracia divina, desde una posición de: yo estoy en lo cierto, si tú reconoces tu error, yo te perdono.
A veces hasta podemos otorgarlo sin que lo reconozcan: yo estoy en lo cierto y aunque tú no lo reconoces, como soy una persona de “buena fe” o “como te quiero”, voy a olvidarlo (al menos por esta vez).
Todo ésto es Ego. Es tu personaje que previamente ha juzgado que el comportamiento de la otra persona está mal, es decir estás dando por sentado que tú tienes la razón y el otro no y mientras te creas poseedor de la razón, tu perdón solo será una concesión.
Solo desde el corazón se puede dar el no juicio, la conciencia de que cada persona actúa de la única manera que sabe y puede en cada momento, en base a su situación y programación. La certeza de que cada persona procesa la realidad desde sus filtros y nadie tiene en propiedad la verdad.
Solo desde una mirada limpia y una compresión más profunda que integre aprendizajes y no faltas, se puede entender lo siguiente:
“Cuando no hay juicio tampoco hay necesidad de perdonar”.
Si llevas tiempo haciendo trabajo de perdón, llevas tiempo perdiendo el tiempo.
Mira lo que tanto te molesta o te duele como algo tuyo “porque lo es” y trabájalo en ti.
El proceso de perdonar, dura el tiempo que tardes en dejar de juzgar.

Gemma Pitarch

Tu dolor

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Cuando algo duele mucho, pero mucho y parece que nada de lo aprendido lo calma, que ninguna técnica funciona, tal vez sea el momento de pararse a sentir, de acompañar ese dolor, dejarlo ser, respirarlo, dejar de resistirse, aceptar y respetar ese proceso en el que te encuentras inmerso.
Sin ninguna intención precisa, sin tratar de cambiarlo, sin tratar de averiguar un “por qué” o un “hasta cuando”, sin buscarle soluciones o negarlo, sin buscar distracciones ni taparlo…
Permitir ser y expresarse a tu dolor, porque ese dolor no viene de fuera, llega de dentro, de muy dentro y tal vez esté guardado ahí desde hace mucho.
Todos llevamos una mochila en la espalda llena de dolores escondidos, no sentidos, no reconocidos, no aceptados.

Algunos los escondimos ya de adultos, otros se guardaron de modo automático en la infancia porque cuando sucedieron, no teníamos recursos para gestionarlos.
Y llega un momento que la mochila no aguanta más peso y todo empieza a salir.

Por el cuerpo con síntomas, por los ojos con lagrimas no justificadas, por el comportamiento con desequilibrios de todo tipo…
Si ya has llegado a ese punto no te queda más remedio que encararte con un monstruo enorme y lo sé, no será fácil y da mucho miedo, pero también sé que mirar todo eso no puede hacerte más daño del que ya te está haciendo, por el contrario te hará mucho bien…
También puedes seguir tapándolo, siempre es tu elección y seguir llenando tu mochila de parches y remiendos de toda clase, en la farmacia y el hospital tienes una gran surtido de ellos…

Pero ¿sabes? si no aligeras peso, esos parches terminan cediendo, todo tiene un límite.
“El ser humano es el único animal que sufre por no sufrir”.
Mira tu dolor, permítelo ser, siéntelo, porque cuando aparece no lo hace para que sufras, lo hace con todo el amor del mundo para que lo mires, lo reconozcas y lo dejes marchar.


Gemma Pitarch.

Sin ilusión

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Ese momento en el que te entra el miedo al futuro y renuncias a tus ilusiones y a lo que te apasiona en pos de lo que te da seguridad o de lo que se espera de ti, “porque es lo que todo el mundo hace”.

Ese es el momento que marca el final de estar vivo y el comienzo de empezar a morir.
Cambias una realidad donde todavía “todo es posible”, por otra donde el camino te viene marcado por otros.

Te adentras en la hipnosis colectiva y si alguna vez por un instante despiertas, tu vida duele tanto que recurres tu mismo a la auto-hipnosis: ¿qué harán los demás sin mi?, para mi eso ya es imposible, no soy capaz, eso es tener “pájaros en la cabeza”, lo he intentado pero no he podido, no me dieron la oportunidad …
Date cuenta que si empiezas a transitar un camino que parece despejado es porque no es tu camino, otros lo han trazado para ti.

Gemma Pitarch.

Problemas de pareja

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Estamos siempre proyectando, eso ya lo sabemos.

De lo que tal vez no seamos tan conscientes es de las proyecciones que hacemos en nuestra pareja.
A menudo vivimos la relación de pareja desde el niño interno herido, buscando inconscientemente personas que representan a papá o mamá para que llenen el vacío que éstos dejaron.

Ya sea porque nos faltaron, porque fueron ausentes o porque fueron tan “grandes” que nunca pudimos alcanzarlos.
De un modo u otro buscamos a papá o mamá en la pareja.
El problema es que entonces no estamos dentro de la relación desde el papel de un adulto, si no desde un papel de “niño que espera”.

Esperando que el otro haga o no haga, diga o no diga, que se comporte de maneras determinadas para llenar nuestras carencias.

Como los niños, que esperan y necesitan ser amados, cuidados, atendidos…

Y en la medida que vamos recibiendo lo que necesitamos, todo funciona pero cuando el otro deja de darnos lo que esperamos el mundo “se nos viene encima”.

Nuestras reacciones son desproporcionadas, (como las de un niño pataleando en el supermercado), incluso más tarde podemos reconocer que nos hemos pasado, pero en el momento no lo hemos podido evitar, el niño ha tomado el control.
Vivir la relación de pareja desde el niño interno genera una relación disfuncional, porque un niño no tiene recursos para gestionar la vida de un adulto.  No tiene capacidad de ser responsable, de asumir su papel masculino o femenino, paterno o materno y esto se verá reflejado en desequilibrios emocionales y sexuales de todo tipo.

Además va a perpetuar el problema si hay hijos, pues estarán siendo educados por niños heridos y no por adultos responsables y crecerán con carencias que más tarde buscarán de nuevo en sus parejas.
Identificar tus proyecciones, hacer un trabajo con tu niño interior y colocarte en el adulto que eres, se hace necesario para que tu relación de pareja funcione.


Gemma Pitarch.

GRAVES BASEDOW

By Testimonios Privados

ENFERMEDAD DE GRAVES-BASEDOW

Después de muchas alteraciones físicas como engordar o adelgazar muchísimo en breves espacios de tiempo sin motivo aparente. De mal estar y mareos que iban en aumento me diagnosticaron primero hipertiroidismo, después hipotiroidismo y finalmente la enfermedad de Graves-Basedow.

Los mareos aumentaron hasta perder la movilidad ya que los desmayos eran cada vez más frecuentes y de pesada recuperación.

Cinco años y medio medicada con fuertes hipnosedantes para frenar las taquicardias además de un buen repertorio de medicamentos que intentaban adormecer los síntomas que no paraban de avanzar y sorprender con nuevas molestias y limitaciones.

Había oído algunos años antes hablar de la Bioneuroemoción y la Biodescodificación sin lograr entender muy bien en que consistían, lo cual me dificultaba el poder confiar.

Hasta que un día me decidí a probar, la medicina tradicional me había dejado claro que solución definitiva no había y ya era demasiado tiempo limitada.

Acudí a dos sesiones en las que Gemma Pitarch analizó mi árbol genealógico y las enfermedades que habían existido en él. Tras este análisis y una hipnosis en la que en todo momento me daba cuenta de lo que pasaba en ella, pude ser consciente de los motivos que me producían varios bloqueos y sobretodo la enfermedad.

Después de cinco años y medio con análisis poco favorables antes de acabar la cuarentena posterior a la Biodescodificación empezaron a normalizarse los resultados hasta darme definitivamente el alta.

Mi testimonio sería que acudí a la consulta por buscar una ayuda desesperada a algo que me habían asegurado que no tenía solución. Y la tuvo, y me cambió la vida, no sólo por dejar atrás la enfermedad sinó para poder ser un poco más consciente de los motivos que nos enferman y de saber trascenderlos.

Gracias Gemma Pitarch por haberme acompañado en varios procesos de mi vida y por haberme aportado tanto de una forma tan profesional.

HASHIMOTO

By Testimonios Privados

Hace cuatro años me diagnosticaron de Tiiroiditis de Hashimoto.

Para quien no esté familiarizado con este término,es una enfermedad autoinmune que destruye la glándula tiroides. Los síntomas son bastante desagradables: cansancio agudo, menstruaciones irregulares, aumento de peso, cambios de humor descontrolados entre otros.

Tras varios análisis de sangre y una ecografía, me recetaron un medicamento para reactivar la función del tiroides que mi cuerpo no podía realizar, la cantidad que debía tomar era de 50mg para ir aumentando progresivamente con el tiempo hasta 100mg.

Empecé a investigar por mi cuenta, sobre todo para encontrar algún tipo de solución natural, ya que el médico me dijo que esto sería así para siempre, y que cada vez engordaría más, en definitiva, no me gustó en absoluto la idea de depender de una pastilla el resto de mi vida.

En primer lugar, empecé a hacer yoga, primero probé tres días a la semana, luego fui aumentando progresivamente hasta que con el tiempo fui prácticamente cada día. Luego empecé a cuidar mi alimentación, a hacer meditación, pero aun así seguía medicándome, hasta que un día de repente empecé a preguntarme porque me había pasado todo esto, o mejor aún para qué tenía que vivir esta experiencia.

Cuando estaba investigando llegué a la conclusión de que en algún momento había experimentado algún bloqueo emocional que me había llevado a enfermarme. Había estado en el hospital cuidando a una persona, que finalmente falleció y quizás esto tendría algo que ver con lo que me estaba pasando.

Comencé a escuchar vídeos de bioeneuroemoción y me surgieron preguntas que yo sola no era capaz de resolver. A raíz de esto empecé a buscar a alguien que se dedicara a estos temas en Mallorca, fue entonces cuando conocía a Gemma Pitarch, a la cual quiero agradecerle lo que me ha ayudado a evolucionar como persona.

Recuerdo que mi primera sesión fue un poco extraña, me preguntaba cosas sobre mi familia, mi árbol genealógico, mi situación sentimental, mi trabajo… Para mí pensaba, qué relación hay entre el tiroides y estas preguntas.

Posteriormente tras varias sesiones y hacer alguna de hipnosis, un día me dio una crisis muy fuerte, me fui al hospital con espasmos y temblores, que ya venía teniendo de vez en cuando, pero esta vez me asusté mucho. En urgencias el doctor que me atendió me dijo en palabras textuales: “te has pasado con el medicamento”, yo le contesté que no era posible, ya que me habían recetado 50mg desde hacía tres meses y que tenía que subir hasta 100, pero en realidad ni siquiera llegué a tomar la dosis de 100mg.

En los análisis posteriores los niveles por los cuales se miden el hipotiroidismo estaban correctos, sólo sigo teniendo anticuerpos, por lo que me quitaron de repente la medicación.

Todas las personas somos diferentes, pero en mi caso puedo asegurar que la bioneuromoción me ayudó a controlar mi tiroiditis y sobre todo a conocerme más a mí misma, a descubrir que las emociones que no gestionamos de una forma adecuada pueden llegar a producirnos diferentes enfermedades. Creo sinceramente que es una herramienta fundamental para crecer en el día a día, ya que nos ayuda a profundizar en las situaciones a las que nos enfrentamos evitando quedarse en un plano más superficial.

*NOTA: La Psicosomática, Biodescodificación, Bioneuroemoción, son herramientas enfocadas a ayudar al desarrollo personal y la calidad de vida de la persona. Estás disciplinas observan al ser humano como un todo indivisible físico, emocional, mental y espiritual y aportan  atención a algunas áreas que quedan abandonadas por el enfoque tradicional. En ningún caso sustituyen  (ni pretenden hacerlo), a los tratamientos convencionales. En todo caso los complementan consiguiendo mejoras evidentes cuando se aplican en conjunto.

La carencia

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No hay riquezas suficientes que den paz a una persona con miedo a la carencia.
Ni confianza suficiente que calme al desconfiado.
No hay amor suficiente para llenar el vacío del que no se ama.
Ni experiencias suficientes que colmen al insatisfecho.
No hay instante perfecto para el que siempre juzga.
Ni seguridad suficiente para el inseguro.
Ya ves que la solución nunca te la va a dar nada ni nadie, pero tampoco tú la vas a encontrar en ti…
Hasta que seas consciente que para buscar una solución, primero tienes que generar un problema, negando y juzgando como un error partes de tu vida.
Cuando abrazas incluso aquello que tu mente juzga como inaceptable, ya no eres el pensamiento de carencia, eres el SER que lo observa.
Y desde ahí lo que se siente es la misma ternura y paciencia que al observar a un pequeño niño, dando sus primeros pasos.


Gemma Pitarch.

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