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terapia con hipnosis | Gemma Pitarch | Autodescubrimiento | Transformación personal

La programación

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Lo mas difícil para la mayoría es ver mas allá de su programación, para eso no se requiere unas capacidades o una inteligencia especial, se requiere «querer ver», se requiere estar dispuesto a aprender algo nuevo.

Las personas se sienten cómodas mirando solo aquello que refuerza las ideas que ya tienen. Pero no quieren mirar las ideas distintas en profundidad y con apertura, porque eso supone incomodidad y la posibilidad de darse cuenta que tal vez, en algunos aspectos han basado su vida en ideas concebidas por otros para mantenerlos en un estado hipnótico concreto.

¿Quiere realmente un religioso mirar qué tienen de bueno las ideas científicas? ¿O un científico qué tienen de bueno las ideas religiosas?
Quiere un militante de derechas mirar qué tienen de bueno las ideologías de izquierdas o un militante de izquierdas mirar lo bueno de las ideologías de derechas?
¿Quiere un rico mirar a un pobre en profundidad o un pobre a un rico?
Normalmente no, porque nos incomoda ya que nos enfrenta con nuestra propia programación y eso nos hace cuestionar nuestra hipnosis.
Si miramos de verdad, corremos el riesgo de cambiar, y eso a nuestra psique no le gusta porque cree que perderá el control.
Aunque el control que tenemos en esta realidad sea sumamente precario, y una idea absolutamente subjetiva, pero nuestra psique la necesita.

Las posibilidades de despertar de la hipnosis colectiva están en relación directa a la cantidad de verdad que uno puede aceptar sin huir.

De todas las cosas que das por sentadas, de todas las cosas que crees necesitar o amar, ¿cuantas estas dispuesto a perder o a ver destruidas?

Esta pregunta causa miedo y la cantidad de miedo que sientas ante ella, es proporcional al margen de cambio que te vas a permitir.

He dicho muchas veces que el ser humano tiene terror a lo desconocido, pero la situación actual me ha hecho ver que estaba equivocada.
No podemos temer algo que no conocemos, sin embargo a lo que si le tenemos verdadero terror, es a perder lo que conocemos. Por eso mucha gente está paralizada a pesar de que señales de que necesitan cambiar, hay por todas partes.

Escuché al respecto una metáfora que me gusto mucho.
La metáfora del Titanic, es como si hubieses gastado tanto dinero en comprar un camarote de primera clase, tanto esfuerzo en conseguir ese lugar, que prefieres no mirar que el barco se está hundiendo , prefieres no preocuparte por los movimientos y las caras de preocupación de la tripulación, y sigues en el salón principal aferrándote a tu copa de vino y la música de los violines…

Gemma Pitarch.

Víctima Verdugo…

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Hay un triángulo de comportamientos muy claro y definido en la sociedad actual, el triángulo víctima, verdugo, salvador.

Todos oscilamos entre los tres personajes, aunque alguno sea más marcado que otro. 

Los tres discursos se alimentan de la creencia de que otro tiene la culpa de lo que les sucede, existen únicamente gracias a la fantasía de la separación y la dualidad. 

El verdugo dirá que su infancia, la sociedad o la necesidad lo hicieron así, lo que en el fondo es un papel de víctima de sus circunstancias. 

La víctima creerá que la culpa de su vida la tiene el verdugo y que si el verdugo dejase de hacer lo que hace se acabaría su sufrimiento.

El salvador necesita que haya víctimas y verdugos para encontrarle sentido a su existencia, sabe siempre lo que es mejor para los demás y es un compendio de consejos, pero miras su vida y es puro desastre.

Todos esperan, esperan y esperan a que el otro cambie, a que el mundo cambie o las leyes cambien para estar bien, pero ninguno asume la responsabilidad de cambiar algo en sí mismo. 

Mientras exista la posibilidad de cambiar algo y no se haga, nadie será víctima de nadie más que de su propio miedo. 

Y no habrá peor ni más tirano verdugo que aquel que permanece esperando a que alguien lo salve de su infierno, maltratándose al permanecer en su situación, teniendo la opción de cambiarla.

Para que el mundo cambie no podemos seguir creyendo en la fantasía de lo aparente, no hay partes, géneros o sexos, solo humanos desconectados de su divinidad y extremadamente confundidos, ajenos de sí mismos y su responsabilidad personal en lo que les sucede.

Una decisión valiente es lo que transforma lo humano en lo divino.

Gemma Pitarch

Mamás culpables

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Cuando explico cómo los niños incorporan y somatízan los estados emocionales de la madre o de la problemática familiar y los expresan a través de síntomas, un pequeño porcentaje de mujeres, no quiere ni oír hablar de la posibilidad de que lo que les pasa a sus hijos, tenga que ver con ellas y prefieren seguir buscando en el exterior el motivo y la solución del problema de sus hijos.

Esto está bien, afortunadamente hay tantas opciones disponibles como estados de conciencia. Cada persona ha de seguir su camino en coherencia con lo que piensa y siente, ( en eso estamos todos).

Otras mamás, tras la explicación de rigor, vienen a verme.
Dependiendo del síntoma de sus hijos estudiamos: el transgeneracional y la vida de la mamá antes, durante y después de la gestación hasta el momento actual.
Cuando toman conciencia de la problemática que están somatizando sus hijos entran en un sentimiento de gran culpabilidad que perdura incluso después de que el niño, tras los cambios aconsejados se haya sanado.
Se sienten responsables del sufrimiento de sus hijos y pocas emociones son más demoledoras que pensar que tú,  le has ocasionado sufrimiento a lo que más quieres.

En este punto a algunas personas les ayuda tener una conciencia holística de nuestra realidad y pensar que es una experiencia que tanto el niño como la madre han decidido de antemano vivir juntos.
Pensar que hay una intención de evolución espiritual en todos nosotros, que se manifiesta a veces de modos dolorosos, para ayudarnos a tomar conciencia y propiciar aprendizajes de vida, ayuda a observar la situación sin auto-castigarse por ella.

Desde esta perspectiva libros como “Curación a través de un curso de milagros” de Enric Corbera, pueden ser de gran ayuda.

Pero aún si no se tienen creencias espirituales, se puede aprender de la situación sin entrar en la culpabilidad.
La dependencia y la fidelidad inconsciente del niño hacia su madre es absoluta y el inconsciente biológico del bebé, puede incorporar conflictos en pos de repartir cargas y garantizar su supervivencia.
Si la madre vive una situación conflictiva y enferma, el niño tiene muchas menos probabilidades de sobrevivir que si la madre está sana y es él el que enferma.

También puede verse como un acto de amor incondicional del niño hacia la madre, incorporando sus conflictos.
Sobre este tema Salomon Sellam ha escrito un libro donde explica muy bien el proceso:
“La incorporación emocional. Amar hasta caer enfermo.”

Otro caso típico en consulta, son mujeres con una gran culpabilidad por no sentirse bien en su papel de madre.

En las revistas de premamás  y en todos los medios de comunicación,  nos venden la época de gestación como un estado de éxtasis en el que la mujer siente amor, esperanza, ilusión, felicidad y la maternidad como una época donde la mujer se siente plena y feliz.
Pero hay mujeres que solo sienten todo esto a ratos y otros momentos se sienten invadidas, limitadas, agobiadas, con su libertad coartada, con ganas de salir corriendo y retomar su vida laboral cuanto antes.
Han vivido mal su embarazo y se han sentido agobiadas durante la crianza, aman a sus hijos y se sienten malas madres por desear alejarse de ellos.

Muchas de estas mujeres están funcionando con su cerebro masculino y por lo tanto viven con dos informaciones contradictorias: la información de su biología femenina (que es la que impera en los momentos en los que se siente a gusto en su papel de madre) y la información de su cerebro masculino que les pide salir de casa, trabajar, independencia, espacio etc.

Existen diferentes motivos por los que una mujer puede funcionar en masculino, ser zurda o haber sido deseada por sus padres como chico, son los más habituales.

Es muy satisfactorio ayudar a una mujer a entender que su comportamiento es coherente con su funcionamiento biológico, comprender que no es una mala madre y darle pautas que la ayuden a ser feliz en su maternidad, sin renunciar a su biología ni auto-castigarse.

Gemma Pitarch

Los hijos

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Los hijos no aprenden de lo que les dices y enseñas, aprenden de lo que tú haces.
Si quieres que te respeten, debes respetarte tú primero.
Si quieres que cuiden su salud, debes cuidar tú la tuya.
No puedes pedirles honestidad, mientras tú dices una cosa y piensas otra.
Si quieres que confíen en tu palabra, no los engañes y cumple lo que prometes.
Pretendes que sean sinceros mientras a ti te escuchan excusarte con mentiras cuando no te apetece algo.
Quieres que sepan gestionar sus emociones y tú eres el primero que se ve abrumado por ellas.
Pretendes que sean limpios y ordenados mientras te ven tirar papeles al suelo en la calle.
Hay tantas cosas que les pedimos y no hacemos…
Tu eres el espejo en el que se miran, si tienes un “pequeño demonio” en casa, mira tu vida y asume tu responsabilidad.
Lo fácil es pensar que el problema lo tienen ellos.
Y aún así has de saber que no tienes ninguna garantía de que sean como tú quieres.
Que por mucho que te empeñes trazarán el camino que han venido a vivir.
Tus hijos no son tuyos, al igual que tú, son seres espirituales viviendo su experiencia de vida, te guste o no.


Gemma Pitarch

¿Accidentes?

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Tras un accidente, es frecuente que nos asalten preguntas como: ¿Por qué a mí? ¿por qué ahora? ¿por qué así? ¿Por qué en este lugar o con estas consecuencias?
Partimos de cuatro premisas fundamentales:
-Nada sucede por azar
-La realidad es un espejo de lo que sucede en nuestro interior
-Cualquier acontecimiento que sucede nos está mostrando algo de nosotros mismos.
-Todo tiene un sentido positivo, (si decidimos aprender sobre nosotros a través de ello).

Creemos que un accidente es un suceso no previsto y fortuito, producto de la mala suerte. Pero lo cierto es que un accidente es muy similar a una enfermedad en cuanto a que también es una expresión de nuestro inconsciente, un medio a través del cual nos avisamos de la dirección que estamos tomando, de los miedos que tenemos activos, de los programas que estamos ejecutando en cada instante.

Es un aviso que sucede cuando no estamos atentos, pues normalmente antes de un accidente, nos hemos enviado muchos otros avisos previos que no hemos atendido. Es la última solución de nuestra psique ante una desatención permanente a uno mismo.
Debemos ser conscientes de que los accidentes también son nuestra creación y que funcionan como señales de aviso.

El accidente indica una necesidad directa e inmediata de prestarnos atención. Si estamos atentos a nosotros mismos, difícilmente vamos a tener un accidente grave, pues antes de eso tenemos multitud de pequeños avisos de la dirección que estamos tomando y si los atendemos, nuestro inconsciente ya no tiene la necesidad de seguirlos provocando.

Muchas veces la parte del cuerpo afectada durante el accidente, ya está debilitada, pues existe un conflicto activo relacionado con esa zona o bien una dolencia o somatización previa. Esto es muy común en las roturas de huesos, sobre todo aquellas que son consecuencia de “caídas tontas”. El accidente me permite observar esta debilidad haciéndola subir a la superficie. Desde la conciencia de ser creador inconsciente de lo que me sucede, puedo usarlo para preguntarme y cuestionar por qué y desde que información he creado tal forma de accidente y la lesión que ha producido. ¿Creado? Sí, todo hasta lo aparentemente fortuito lo estoy creando por resonancia inconsciente.

El accidente puede ser sinónimo de culpa. Es posible que si en mi infancia me castigaron severamente ante ciertos comportamientos, yo me castigue inconscientemente si tengo la sensación de hacer algo que no está bien.

Puedo sentirme culpable en una situación si sé que hago daño deliberado a otra persona,  pero en todas las demás situaciones, tengo que empezar a cambiar la palabra culpa por responsabilidad, necesito asumir mi papel de creador de lo que me sucede.
El miedo a equivocarse también se percibe frecuentemente bajo el aspecto de la culpabilidad en vez del de responsabilidad.

También puede suceder que tenga dificultad en afirmarme frente a una autoridad, hablar de mis necesidades o puntos de vista. Entonces un accidente puede protegerme de ese enfrentamiento que no soy capaz de realizar, (me siento víctima, me vuelvo víctima).

Frecuentemente el accidente me obliga a frenar mis actividades, por lo que puedo usar ese periodo para reflexionar sobre las razones de dicho accidente. ¿Perdí el control de la situación? ¿es para mí el momento de cambiar algo? ¿tengo dificultad en escuchar mi intuición y los avisos y señales que me envío? ¿observé cómo se produjo el accidente? ¿cuál era mi estado antes y después?

Es muy importante volver a mirar las condiciones que rodean el accidente; analizar las palabras usadas y tomar consciencia de qué ponen en evidencia y su relación con el accidente.

La predisposición a los accidentes es un estado que se produce durante una relación conflictiva con mi realidad, o conmigo mismo, (aunque en esencia son la misma cosa), la incapacidad de estar plenamente presente y consciente de mi universo y una desconexión de lo que sucede alrededor mío.
Hay accidentes en los que somos agredidos…simplemente porque pasábamos por allí en el momento inadecuado.
El tema de la agresividad descontrolada también tiene mucho que ver con los accidentes. Si creemos que la violencia solucionará nuestros problemas, actuamos como un imán que atrae mas violencia hacia nosotros.

¿Qué podemos aprender de cualquier accidente?
En todos los casos de accidentes: de tráfico, domésticos, laborales…  lo primero que debemos buscar es el mensaje que nos transmitimos a través de el, para solucionarlo de manera consciente y evitar su repetición. El accidente es como una señal que nos obliga a mirar en nuestro interior.
Pequeñas cosas en las que no nos paramos a pensar, como una quemadura mientras cocinamos o un pequeño corte en un dedo mientras cortamos verduras, los golpes en nuestro coche o una avería de un electrodoméstico nos aportan información valiosa sobre lo que pasa en nuestro interior.

Si se estropean objetos de la casa, el coche, nos roban, inundaciones… buscar la simbología del objeto en juego. Si es una lesión en nuestro cuerpo interpretarla con un diccionerio de bio o psicosomática.

Podemos y debemos hacernos preguntas:
¿Qué me quiere advertir este accidente?
¿Qué aspecto de mi vida debo transformar?
¿A qué cambio de comportamiento me estoy resistiendo?
¿Que estaba pensando y sintiendo en el momento del accidente?

Y cuando el accidente queda en un serio aviso, ¿qué me indica?.
Que debería cambiar mi estilo de vida, o puede que acabe en el hospital con varias fracturas y así gano tiempo para reflexionar. Un accidente con convalencencia, se convierte en una enfermedad con su tiempo de convalecencia, me estoy dando un periodo de reflexión.

Visto desde la psicogenealógia, los accidentes graves, son intentos de suicidio con más o menos fortuna.

¿Qué pautas se pueden seguir respecto a los accidentes?
– Si el accidente ya ocurrió, hay que interpretarlo para ser consciente del conflicto o la información que lo ha creado.
-Si tememos tener un accidente o alguien nos vaticina que lo tendremos, el cerebro se puede programar para que suceda y lo causaremos sin querer. En casos de miedo muy extremo a una predicción, la solución puede ser  realizárlo de manera simbólica, pues para el inconsciente será como si ya se hubiese cumplido.
-Para evitar accidentes:

Atención plena a los pequeños avisos para que no sucedan los grandes.

Atención plena cuando estamos en momentos de conflicto con nosotros mismos o con otros.

Atención plena cuando estamos ante cambios importantes porque podemos boicotearnos a través de un accidente, (son los producidos por el miedo).

Aprender a gestionar nuestras emociones.
Cambiar culpabilidad por responsabilidad y aprendizaje.
No juzgarnos, salir de la posición de víctima y actuar.
Canalizar la rabia y la agresividad  de manera constructiva o simbólica, a través de gritar a solas, pegarle a un saco de boxeo o hacer deporte, pero nunca reprimirla.

Gemma Pitarch

Baja autoestima

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La desvalorización o baja autoestima, siempre está estructurada en nosotros antes de los siete años.

Es la etapa en la que se forma nuestra psique y todo lo que suceda nos condicionará el resto de nuestra vida, si no hacemos nada voluntariamente para cambiarlo.

Cuando existe baja autoestima, la persona en todos los ámbitos de su existencia se mueve bajo creencias conscientes o inconscientes de:

No valgo para …

No soy lo suficientemente bueno para / en …

Tendría que haberme esforzado más ….

Me ha salido bien, pero no lo suficiente…

Podría haberlo hecho mejor ….

Siempre hay otro más inteligente que yo, que tiene más suerte que yo o más atractivo que yo, más eficiente que yo …

La persona gestiona esta información de varias maneras:

  • Acepta ese “ no valgo” como algo inamovible y vive su existencia como victima de las circunstancias externas, sobre las que cree no tener ningún control.

¿ejemplos?

-¿Como voy a encontrar trabajo con la crisis que hay?.

-Con la edad que tengo ¿donde voy a ir?

  • La persona se fija en otro que considera “ más y mejor “ y sigue sus pasos, la imita, intento hacer lo mismo, tener lo mismo, llegar donde llega el otro… La admira y la odia al mismo tiempo, porque siempre la ve superior.
  • O bien por reacción, genera  una personalidad competitiva, perfeccionista y exigente, derrochando una cantidad enorme de energía, en el esfuerzo de ser (o al menos parecer) perfecto, exitoso, abundante, inteligente, feliz…

¿Ejemplos?

  • No me conformo con sacarme una carrera, me saco tres.
  • Vivo por encima de mis posibilidades llevo un mercedes pero en casa tengo la nevera vacía.
  • Cuelgo constantemente fotos en redes sociales que me muestran sonriente desayunando junto al mar, en el spa, viajando o al lado de alguien importante y me retroalimento emocionalmente con los comentarios de admiración de mis seguidores.

Relájate, date permiso para ser tú, para tropezar, para mostrar tus debilidades.

Busca tu valor dentro de ti, no en los demás, sé tú mismo aunque de miedo.

Cuando imitas, cuando envidias, cuando finges algo que no eres, estás entregando a los demás el control de tu vida.

Tú lo eres TODO en esencia, genuino en tu individualidad, capaz de crearte a ti mismo, de construirte y reconstruirte una y mil veces.

Pero sobre todo hasta que tú no te aceptes tal y como eres, nadie lo hará.

Gemma Pitarch

 

La dualidad

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Todas las situaciones en la vida nos ofrecen una oportunidad de auto-conocimiento, puesto que mi reacción ante lo que sucede, no depende de lo que realmente sucede, si no de cómo yo lo estoy viviendo o lo estoy juzgando.

Quiere decir que NADIE puede ver al otro como realmente es, puesto que lo está observando a través de sus propios filtros mentales y va sacando conclusiones en base a sus propias creencias y experiencias del pasado.

La forma en la que yo veo cada situación, depende exclusivamente de mi estructura mental y emocional y de mi sistema de creencias, por lo tanto cada situación habla única y exclusivamente de mi.

Es por esto que ante una misma situación, varias personas pueden reaccionar de formas totalmente distintas y podemos discutir eternamente sobre un concepto sin llegar a un entendimiento.

Únicamente teniendo en cuenta este funcionamiento de nuestra mente, podemos poner “en observación” nuestros juicios y sentimientos sobre otras personas y antes de emitirlos o sentenciar a nadie preguntarnos: ¿qué dice esto de mi?, ¿qué conflicto tengo yo con este sentimiento o situación?,  ¿a qué tipo de experiencias y creencias personales se deben mis juicios?.

Es un ejercicio profundo de honestidad y amor hacia uno mismo y por lo tanto hacia los demás. Puesto que cuando reconoces que no sabes absolutamente nada del otro y trabajas únicamente en ti, trasciendes la fantasía mental de la realidad, la fantasía de la separación con el otro y empiezas a ver con el corazón, con la certeza de unidad que todos somos.

“Amarás al otro como a ti mismo” quiere decir exactamente ésto. Si juzgas al otro, no te amas absolutamente nada, puesto que para ver la inocencia en los demás, primero la tienes que encontrar en ti.

Gemma Pitarch

Resistir o fluir

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La belleza del movimiento impredecible de la vida ….

Maravilloso observar imágenes de la Tierra rotando desde el espacio. Hipnótico observar un volcán en erupción. Qué energía cuando las olas rompen embravecidas contra la costa…

Y qué hermoso observar todo esto cómodamente sentado en mi sofá, creyéndome ajeno a ese movimiento.

Si, todo se mueve pero yo ¡Dios mio que me quede como estoy!. 
Pues claro, me han enseñado desde que nací a esforzarme para conseguir algo que me dé seguridad y estabilidad y luego a defenderlo con uñas y dientes, para que permanezca como a mi me gusta y el tiempo que yo quiera.

Disculpa que me ria pero, ¡que gran generador de sufrimiento!.
Vives en un planeta, en una galaxia, en un universo en constante movimiento ¿y pretendes que tu vida no cambie?.
Cuando vives resistiéndote al movimiento y al cambio e intentando que todo permanezca como tu quieres, toda tu energía vital y tu tiempo se te van en ese empeño, agotas tu cuerpo y tu mente para nada.

La estabilidad y la seguridad vistas como estados en los que todo permanece siempre igual, son fantasías de tu mente consciente.
La mente no puede percibir la maravillosa armonía que existe en el universo, tan solo imaginarla con limitados recursos.
Lo que sí puede entender es un ejemplo sencillo:
Este universo se mueve, se transforma y evoluciona constantemente igual que tu, quieras o no ya que formas parte de él.

Puedes intentar en vano resistirte al empuje de la ola o fluir con ella, surfear tu vida y acompasarte con su movimiento, marca la diferencia de como llegas a la orilla.
Pues a la orilla todos llegamos… Unos riendo y otros sufriendo.

Gemma Pitarch

LEUCEMIA

By | Testimonios Privados

Todo empezó con mi visita rutinaria al médico de cabecera. Cada año suelo hacerme análisis para comprobar que mis niveles de hierro y vitaminas estén correctos puesto que no consumo carne y fue gracias a esos análisis rutinarios que mi médico se dio cuenta de que algo no funcionaba bien.Tras comprobar que mis 4 últimas analíticas anuales mostraban valores alterados de mis anticuerpos, decidió enviarme de urgencia a hematología.
Una vez allí me dijeron que volverían a repetirme varias veces los análisis para comprobar que no fuese algo puntual por alguna infección. Así que me repitieron las pruebas varias veces durante los siguientes meses pero los valores empeoraban cada vez más.
comprobaron mis riñones y mi hígado por si sufrían alguna alteración, algo que podría explicar los valores alterados de mi analítica, que podría entrar dentro de la normalidad y no ser patológico. Pero no, mis órganos estaban en perfecto estado, así que descartaron que esa fuera la causa.
Paralelamente comencé a buscar cual era el sentido de las enfermedades ya que de alguna forma pensaba que lo que me estaba sucediendo tenía que tener algún motivo y empecé a encontrar documentos de bioneuroemoción hablando de la parte inconsciente de nuestra mente y de como al verse desbordada puede generar todo tipo de patologías en el cuerpo, pero no llegaba a dar con el sentido de por qué me estaba sucediendo eso en concreto.
Llegó el momento en el que ya solo quedaba por comprobar si era portadora de alguna enfermedad autoinmune (hepatitis, VIH…) y si estos resultados también salían negativos, en esa misma visita a hematología ya deberían realizarme una punción de médula, para saber si lo que tenía era cáncer de sangre (leucemia), algo que podría ser bastante probable ya que no quedaría nada más por descartar.
Justamente esa misma semana también llevé a mi perro al veterinario para que le vieran unas pupas que le habían salido en la barriga y que le sangraban bastante. Cuando el veterinario vio esas ampollas llenas de sangre me dijo que pintaba mal y que las iban a llevar a analizar. Entonces me llamaron para que volviese y me dieron la noticia. Mi perro tenía un tipo de cáncer de sangre incurable, no había ningún tratamiento, ni operación, ni quimioterapia que pudiera curarle o si quiera frenarlo, el veterinario por todos los otros casos que había tenido anteriormente le daba 1 mes de vida.

Y ahí estaba yo, preguntándome por qué a mí, por qué todo se había vuelto tan loco, mi perro tenía cáncer de sangre y yo muy probablemente también.

Entonces recordé algo que leí en bioneuroemoción y que no se por qué se me grabó en la mente y es que cuando tenemos hijos o mascotas ellos somatizan gran parte de las enfermedades de sus padres o cuidadores. Supe que yo estaba creando todo eso, no sabía como, pero lo estaba fabricando yo. Me sentí tremendamente culpable, sobre todo por mi perro, él era inocente y yo me sentía responsable de lo que le estaba sucediendo también a él.
Fue entonces cuando contacté con Gemma y le expuse todo lo que me estaba sucediendo. Le expliqué lo que me estaba pasando a mí y también que me sentía muy culpable porque mi perro estuviera mal. Ella supo tranquilizarme enormemente así que decidí confiar y fui a su consulta de urgencia porque en 2 días tenían que hacerme las últimas analíticas y si mis anticuerpos seguían mal ya tendrían que hacerme la punción de médula.

Gemma me pidió que llevara hecho mi árbol genealógico ya que esto podría facilitarnos el camino para encontrar esa información que necesitábamos.

Al llegar a la consulta, Gemma me explicó mejor como funcionaba la mente inconsciente, me que los problemas en la sangre tienen que ver con conflictos del linaje familiar, con el no reconocimiento de hijos, con el sentimiento de no pertenencia al clan familiar y con el “no eres de mi sangre”.

Entonces caí. El año en que mis analíticas empezaron a salir alteradas fue el año en que murió mi abuelo por parte de mi padre. Cuando esto sucedió yo ayudé a mi padre a sacar las cosas de mi abuelo de los cajones y mientras lo hacíamos él encontró una foto y me dijo: “mira, esta es la última foto que queda de tu bisabuela”, entonces yo me acerqué a mirarla con todo mi amor y agradecimiento porque iba a poder ver por primera vez la mujer de la que yo, mi padre y mi abuelo descendemos, pero para mi espanto nada más verla mi padre rompió la foto en pedazos. Pude sentir como algo dentro de mi también se rompía conforme la hacía añicos. Me dolió profundamente que hiciera eso, no comprendía que tuviera tanto rencor hacia su propia abuela. Mi padre dijo que esa mujer hizo mucho daño a toda la familia, que era veneno.

Algo se activó en mí al romper su foto y entonces recordé que de niña me contaron que todos en mi familia somos “bastardos” y que no llevamos el apellido que nos corresponde, el motivo según me dijeron fue “porque por culpa de mi bisabuela que se juntó con un hombre que ya estaba casado, así que al tener hijos con él, este no les dio su apellido”.

Toda mi familia seguía culpando a mi bisabuela, ella no se podía defender de esas acusaciones pero yo sentía que era injusto lo que había sucedido con ella, que no tenía la culpa de haberse enamorado de un hombre que ya se había casado anteriormente, de haberse quedado embarazada y mucho menos de no poder darle los apellidos de él a sus propios hijos, no era culpa de ella.

Ahora lo entendía todo, todo encajaba, necesitaba perdonar y liberar todo ese dolor.

En la misma primera consulta Gemma me hizo una técnica de liberación emocional. Aún recuerdo como salí de la consulta, me sentía como si flotase, como si pesara 100 kilos menos.

Pero lo más sorprendente llegó el día de mi cita con la hematóloga al ir que me diera los resultados del análisis. Me senté en la silla, y como de costumbre empezó a revisar mis analíticas junto a un estudiante en prácticas. Me temblaba todo el cuerpo. Entonces tras varios minutos en silencio por fin le dijo al estudiante “¿Ves a esta chica? Mírala bien porque estas viendo un milagro”.

Casi me caigo de la silla. Le pregunté que quería decir con eso y me dijo que mis analíticas esta vez habían salido perfectas, los valores de mis inmunoglobulinas se habían normalizado, que no tenía ninguna enfermedad autoinmune y que ya no era necesario hacerme la punción de médula puesto que me había “curado milagrosamente”.

Aún así no quiso darme el alta, quería continuar observándome durante por lo menos un año más por si lo que tenía volvía a reaparecer, no se fiaba de que se hubiera ido por como por arte de magia.

Al cabo de un par de semanas más volví a ver a Gemma y en esta ocasión usamos la hipnosis para acceder al resto de información que todavía estaba en mi inconsciente para terminar de liberarla.

Por otro lado, mi perro, ya sobrepasaba de mucho de esperanza vida que había le dado el veterinario. Yo tenía la costumbre de revisarle las pupas cada mañana por si le habían salido nuevas o por si alguna le sangraba, pero esa mañana vi que ya no tenían el mismo aspecto, en lugar de aquellas enormes ampollas llenas de sangre solo habían unas pequeñas marcas rosadas en su piel.

Me vestí corriendo y lo llevé al veterinario y él al ver la barriga de mi perro no salía de su asombro, dijo que jamás había visto algo así en ese tipo de cáncer de sangre, me dijo que se habían reabsorbido, que mi perro volvía a estar bien. Qué enorme sensación de alivio y de gratitud sentí.

Han pasado ya 3 años desde que me derivaron a hematología por primera vez y por fin me han ya dado el alta definitiva.

Así que después de todo lo experimentado durante este proceso me he dado cuenta que la enfermedad por sí misma no es buena ni mala, sino que es como una especie de mapa del tesoro que nos va dando pistas de lo que estamos reprimiendo en el inconsciente y que necesita urgentemente ser atendido y liberado.

En mi caso tuve la enorme suerte de contar con la ayuda de Gemma que gracias a sus conocimientos en bioneuroemoción y otras técnicas terapéuticas, supo hacerme llegar rápidamente a esa información y a partir de ahí pudimos trabajarla y liberarla.

N.M

ASMA

By | Testimonios Privados

He dejado de tener asma
El asma ha condicionado mi vida desde los 15 años de edad. Motivo por el que casi siempre estaba con algún tratamiento.
Distintas crisis asmáticas y en muchas ocasiones días en el hospital. Tengo informes médicos que lo avalan. Neumólogos y alergólogos han formado parte de mi vida todos estos años. Hasta hace muy poco tomaba corticoides localizados tres veces al día.

Por casualidad mi alergóloga estaba de vacaciones y yo tenía un constipado muy fuerte que como es natural se me estaba enredando con el asma. En el Centro de salud me dieron cita con un médico de medicina general. Aquel doctor me habló de Gemma Pitarch y me animó a tomar la iniciativa de comenzar a hacer alguna terapia distinta a la medicina.

Yo guardaba cierta desconfianza y solo me anime cuando mi Alergología me dio permiso. Tardé casi 3 meses en tomar la decisión.

La consulta con Gema me pareció “encantadora” podría decirse que nos presentamos y conversamos de manera cordial casi 2 horas. Nada particular. Nada especial. Y supuestamente sin haber realizado ninguna terapia. Casi 15 días después, por la noche, presencié la figura de mi abuelo materno entre consciente y dormida. Podía recrear momentos vividos con él días antes de que falleciera. Era increíble pues yo tenia apenas 3 añitos desde aquel contacto. Sin embargo lo veía, lo escuchaba y lo olía con nitidez. El fallecería solo unos días después y yo presencié aquel dolor, lo sentí muy profundo.

La segunda noche note como un calor o un “despinzamiento” en mi tórax. Y al día siguiente, en mi habitual rutina de aerosoles, con uno de ellos en la mano, lo miré y lo volví a colocar en la estantería sintiendo un claro rechazo.

Pensé “ puedo pasar sin la medicación de todas formas también puedo dármelo más tarde”. Y no. Estoy bien cada día. Respiro bien cada día. Es como estrenar una nueva vida, una vida normal, sana y sin aerosoles a todas horas. Es nuevo para mí y quisiera sentirme así de bien siempre. Ya van 2 meses de salud y quiero agradecerle a Gema lo que quiera que sea que ha logrado en mí tras aquella conversación compartiéndolo al menos con todos ustedes. Es un gran descubrimiento para mí y sin duda lo recomiendo. Gracias Gema.
Lourdes P