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Curso – El sentido biológico de la enfermedad

By | Agenda, Formaciones

EL SENTIDO BIOLÓGICO DE LOS SÍNTOMAS FÍSICOS

20 y 21 de Noviembre 2021 (12 horas lectivas)

Día 20 de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 H.

Día 21 de 10:00 a 14:00 H.

Durante este fin de semana vamos a entender la lógica que se encierra detrás de cualquier proceso biológico del cuerpo físico.

Todo lo que ocurre en nuestro cuerpo está regido por una inteligencia y por lo tanto tiene detrás un propósito.

Aprendemos a interpretar nuestros síntomas, averiguar su orígen psicoemocional y de ete modo ayudar y activar el proceso de recuperación biológico.

Aprendemos a sanarnos emocionalmente a través de nuestros síntomas físicos.

Para ello estudiaremos los fundamentos de la Psicosomática y su precursores, así como el proceso de abordaje cuando enfermamos. Este conocimiento te servirá de valiosa ayuda para optimizar tu salud y tus emociones.

Precio: 120 euros.

Si deseas inscribirte rellena el siguiente formulario:

    La relación de pareja y sus conflictos

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    La relación de pareja y sus conflictos

    » NUNCA NOS ENAMORAMOS POR LO QUE CREEMOS QUE LO HEMOS HECHO»

    » DE ALGÚN MODO SIEMPRE NOS ESTAMOS PROYECTANDO Y BUSCANDO COMPLETARNOS A TRAVÉS DEL OTRO»

    Las relaciones de pareja pueden ser una bendición o una fuente inagotable de sufrimiento, todo dependerá de la conciencia que le pongamos.

    Si supiéramos exactamente el juego inconsciente que jugamos en nuestras relaciones y cómo gestionarlo, podríamos convertir nuestra vida de pareja y nuestras experiencias sentimentales, en grandes oportunidades de crecimiento y evolución personal.

    El objetivo de este curso es que aprendas a conocerte, trabajarte y evolucionar a través de tus relaciones, y seas capaz de construir una vida emocional plena y satisfactoria.

    ¿Te animas?

    Domingo 8 de noviembre de 17 a 21 horas

    La conexión del curso la realizaremos a través de  zoom.

    Precio:  45 €

    Pago mediante transferencia, Paypal, tarjeta de crédito o Bizum.

    Si deseas inscribirte rellena el siguiente formulario:

      La programación

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      Lo mas difícil para la mayoría es ver mas allá de su programación, para eso no se requiere unas capacidades o una inteligencia especial, se requiere «querer ver», se requiere estar dispuesto a aprender algo nuevo.

      Las personas se sienten cómodas mirando solo aquello que refuerza las ideas que ya tienen. Pero no quieren mirar las ideas distintas en profundidad y con apertura, porque eso supone incomodidad y la posibilidad de darse cuenta que tal vez, en algunos aspectos han basado su vida en ideas concebidas por otros para mantenerlos en un estado hipnótico concreto.

      ¿Quiere realmente un religioso mirar qué tienen de bueno las ideas científicas? ¿O un científico qué tienen de bueno las ideas religiosas?
      Quiere un militante de derechas mirar qué tienen de bueno las ideologías de izquierdas o un militante de izquierdas mirar lo bueno de las ideologías de derechas?
      ¿Quiere un rico mirar a un pobre en profundidad o un pobre a un rico?
      Normalmente no, porque nos incomoda ya que nos enfrenta con nuestra propia programación y eso nos hace cuestionar nuestra hipnosis.
      Si miramos de verdad, corremos el riesgo de cambiar, y eso a nuestra psique no le gusta porque cree que perderá el control.
      Aunque el control que tenemos en esta realidad sea sumamente precario, y una idea absolutamente subjetiva, pero nuestra psique la necesita.

      Las posibilidades de despertar de la hipnosis colectiva están en relación directa a la cantidad de verdad que uno puede aceptar sin huir.

      De todas las cosas que das por sentadas, de todas las cosas que crees necesitar o amar, ¿cuantas estas dispuesto a perder o a ver destruidas?

      Esta pregunta causa miedo y la cantidad de miedo que sientas ante ella, es proporcional al margen de cambio que te vas a permitir.

      He dicho muchas veces que el ser humano tiene terror a lo desconocido, pero la situación actual me ha hecho ver que estaba equivocada.
      No podemos temer algo que no conocemos, sin embargo a lo que si le tenemos verdadero terror, es a perder lo que conocemos. Por eso mucha gente está paralizada a pesar de que señales de que necesitan cambiar, hay por todas partes.

      Escuché al respecto una metáfora que me gusto mucho.
      La metáfora del Titanic, es como si hubieses gastado tanto dinero en comprar un camarote de primera clase, tanto esfuerzo en conseguir ese lugar, que prefieres no mirar que el barco se está hundiendo , prefieres no preocuparte por los movimientos y las caras de preocupación de la tripulación, y sigues en el salón principal aferrándote a tu copa de vino y la música de los violines…

      Gemma Pitarch.

      Disculpas

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      No me pidas disculpas, si tienes la necesidad de hacerlo, debes saber que yo no las necesito.
      Si tienes la necesidad de pedirme disculpas sigues creyendo en la fantasía de la dualidad.
      Lo que estas diciendo con tus disculpas es que todavía crees que puedes herirme, por lo que todavía crees que alguien puede herirte a ti.
      Eso implica que piensas que lo que sientes en un momento determinado depende de lo que otro te ha hecho y no de tus propios pensamientos y sentimientos al respecto de lo sucedido.
      En cambio si vienes y me dices que te has dado cuenta de que proyectaste en mi tal o cual creencia, o tal o cual herida y de ahí tu reacción, yo sabré que has despertado un poco mas del sueño, que has aprendido algo nuevo a través de una experiencia conmigo y me sentiré feliz de haber servido de algún modo para que lo hagas.
      Tus disculpas en cambio, solo me dicen que tarde o temprano la situación se volverá a repetir, porque sigues funcionando en modo automático, culpando a otros o culpándote tú por lo que sucede.
      Las disculpas solo sirven para que el ego se satisfaga y se sienta con la razón: «yo estaba en lo cierto y tú no». No alimentan nada productivo.
      No me pidas disculpas, dime lo que has descubierto de ti, lo que has aprendido y las resoluciones internas que has tomado al respecto a través de la situación. Yo te contaré las mías porque siempre es un movimiento recíproco, SIEMPRE. Entonces verdaderamente todo esto habrá sido fructífero.

      Gemma Pitarch

      El buenísimo

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      Llamemos a las cosas por su nombre.

      Pedir disculpas sin tener la culpa.
      Bajar la cabeza teniendo razón.
      Sacrificarte por los demás.
      Ocultar tu dolor para no preocupar.
      En definitiva colocar las necesidades y la felicidad de los otros por delante de la tuya, no te hace más generoso o mejor persona.
      No es altruismo aunque pueda parecerlo.
      Es el más grande de los egoísmos.
      Porque le quitaste a alguien la oportunidad de aprender de sus equivocaciones.
      Le quitaste la oportunidad de aprender a disculparse.
      Le robaste la ocasión de hacerse responsable de su vida.
      Le negaste la oportunidad de echarte una mano.
      Y todo por no tener el valor de afrontar:
      Tu miedo a expresar tu opinión.
      Tu miedo a que dejen de quererte si no cumples todas las expectativas.
      Tu necesidad de acallar tu conciencia.
      Tu miedo a ser una molestia, parecer débil, mostrar tus emociones, tu miedo a ser tu mismo, a existir, a que te vean…
      Todo el tiempo has hecho todo eso por ti y no por los demás.
      Deja de engañarte, asume la responsabilidad de tu vida, atiende tus emociones, necesidades y heridas.
      Sólo entonces estarás aportando algo sincero, genuino, equilibrado y hermoso a los demás.

      Gemma Pitarch

      Humanidad

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      Usamos las acepciones: ser humanitario, humanismo, humanidad dandoles un significado de altruismo y sentimientos positivos, que lamento decirte, no tienen en absoluto.

      Nuestro lado “humano” es un complejo biológico cuerpo/mente instintivo y con una programación fuerte y clara, garantizar la supervivencia de la vida física.

      Nos permite cierto rango de camaradería y altruismo mientras todo esté tranquilo, pero cuando algo va mal, el instinto humano es el de “salvese quien pueda”.

      Nuestros instintos y automatismos inconscientes nos llevan a decisiones o acciones encaminadas al servicio a uno mismo y a veces por extensión a “los nuestros”.

      Desde nuestro lado humanitario o humanidad, no generaremos algo distinto a lo que ya viene siendo “la historia de la humanidad”.

      Sólo cuando vamos más allá del humano en cada uno de nosotros, conectamos con la PLENITUD que somos, nuestra DIVINIDAD o SER, pero para ello es necesario hacer un ejercicio de VOLUNTAD que muy pocos están dispuestos a atravesar, porque precisamente nuestra humanidad no nos lo pone nada fácil.

      El ejemplo más comprensible y quizá experimentado por muchos, es el acto de atravesar un gran miedo. Necesariamente nos hemos exigido contradecir todas las alarmas biológicas e inconscientes que a través de una fuerte sensación de miedo y multiples pensamientos de justificación, nos han tratado de parar en nuestra VOLUNTAD de atravesarlo.

      Pero después nos invade un sentimiento de PLENITUD y fuerza imparable, difícil de definir con palabras.

      Eso es lo que verdaderamente ERES.

      La PLENITUD es eso que se siente cuando atravesamos nuestra humanidad y solo se consigue a través de un ejercicio de VOLUNTAD y una decisión CONSCIENTE.

      Por eso este SER (humano) que aquí escribe, ama valores como la fidelidad, el compromiso, la lealtad, la sinceridad, la honestidad, cumplir con palabra dada y no hacer a los demás aquello que no desearía para mi.

      Todos estos valores contradicen mis instintos naturales y debo hacer uso de la VOLUNTAD de alinearme con el SER y no con mi biología y automatismos para llevarlos a cabo.

      A veces cuando bajo la guardia, “me la juegan” y otras veces yo decido dejarme llevar, pues en ciertas circunstancias dan satisfacciones.

      Nada está mal, ni bien, pero no estamos aquí, dentro de un cuerpo físico solo para entretenernos observando sus instintos.

      Eso puede ser una parte del recorrido, pero la verdadera intención es poner nuestra DIVINIDAD en el tablero del juego.

      El estado de PLENITUD sólo se alcanza yendo más allá de nuestra humanidad y sus instintos.

      Víctima Verdugo…

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      Hay un triángulo de comportamientos muy claro y definido en la sociedad actual, el triángulo víctima, verdugo, salvador.

      Todos oscilamos entre los tres personajes, aunque alguno sea más marcado que otro. 

      Los tres discursos se alimentan de la creencia de que otro tiene la culpa de lo que les sucede, existen únicamente gracias a la fantasía de la separación y la dualidad. 

      El verdugo dirá que su infancia, la sociedad o la necesidad lo hicieron así, lo que en el fondo es un papel de víctima de sus circunstancias. 

      La víctima creerá que la culpa de su vida la tiene el verdugo y que si el verdugo dejase de hacer lo que hace se acabaría su sufrimiento.

      El salvador necesita que haya víctimas y verdugos para encontrarle sentido a su existencia, sabe siempre lo que es mejor para los demás y es un compendio de consejos, pero miras su vida y es puro desastre.

      Todos esperan, esperan y esperan a que el otro cambie, a que el mundo cambie o las leyes cambien para estar bien, pero ninguno asume la responsabilidad de cambiar algo en sí mismo. 

      Mientras exista la posibilidad de cambiar algo y no se haga, nadie será víctima de nadie más que de su propio miedo. 

      Y no habrá peor ni más tirano verdugo que aquel que permanece esperando a que alguien lo salve de su infierno, maltratándose al permanecer en su situación, teniendo la opción de cambiarla.

      Para que el mundo cambie no podemos seguir creyendo en la fantasía de lo aparente, no hay partes, géneros o sexos, solo humanos desconectados de su divinidad y extremadamente confundidos, ajenos de sí mismos y su responsabilidad personal en lo que les sucede.

      Una decisión valiente es lo que transforma lo humano en lo divino.

      Gemma Pitarch

      Mamás culpables

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      Cuando explico cómo los niños incorporan y somatízan los estados emocionales de la madre o de la problemática familiar y los expresan a través de síntomas, un pequeño porcentaje de mujeres, no quiere ni oír hablar de la posibilidad de que lo que les pasa a sus hijos, tenga que ver con ellas y prefieren seguir buscando en el exterior el motivo y la solución del problema de sus hijos.

      Esto está bien, afortunadamente hay tantas opciones disponibles como estados de conciencia. Cada persona ha de seguir su camino en coherencia con lo que piensa y siente, ( en eso estamos todos).

      Otras mamás, tras la explicación de rigor, vienen a verme.
      Dependiendo del síntoma de sus hijos estudiamos: el transgeneracional y la vida de la mamá antes, durante y después de la gestación hasta el momento actual.
      Cuando toman conciencia de la problemática que están somatizando sus hijos entran en un sentimiento de gran culpabilidad que perdura incluso después de que el niño, tras los cambios aconsejados se haya sanado.
      Se sienten responsables del sufrimiento de sus hijos y pocas emociones son más demoledoras que pensar que tú,  le has ocasionado sufrimiento a lo que más quieres.

      En este punto a algunas personas les ayuda tener una conciencia holística de nuestra realidad y pensar que es una experiencia que tanto el niño como la madre han decidido de antemano vivir juntos.
      Pensar que hay una intención de evolución espiritual en todos nosotros, que se manifiesta a veces de modos dolorosos, para ayudarnos a tomar conciencia y propiciar aprendizajes de vida, ayuda a observar la situación sin auto-castigarse por ella.

      Desde esta perspectiva libros como “Curación a través de un curso de milagros” de Enric Corbera, pueden ser de gran ayuda.

      Pero aún si no se tienen creencias espirituales, se puede aprender de la situación sin entrar en la culpabilidad.
      La dependencia y la fidelidad inconsciente del niño hacia su madre es absoluta y el inconsciente biológico del bebé, puede incorporar conflictos en pos de repartir cargas y garantizar su supervivencia.
      Si la madre vive una situación conflictiva y enferma, el niño tiene muchas menos probabilidades de sobrevivir que si la madre está sana y es él el que enferma.

      También puede verse como un acto de amor incondicional del niño hacia la madre, incorporando sus conflictos.
      Sobre este tema Salomon Sellam ha escrito un libro donde explica muy bien el proceso:
      “La incorporación emocional. Amar hasta caer enfermo.”

      Otro caso típico en consulta, son mujeres con una gran culpabilidad por no sentirse bien en su papel de madre.

      En las revistas de premamás  y en todos los medios de comunicación,  nos venden la época de gestación como un estado de éxtasis en el que la mujer siente amor, esperanza, ilusión, felicidad y la maternidad como una época donde la mujer se siente plena y feliz.
      Pero hay mujeres que solo sienten todo esto a ratos y otros momentos se sienten invadidas, limitadas, agobiadas, con su libertad coartada, con ganas de salir corriendo y retomar su vida laboral cuanto antes.
      Han vivido mal su embarazo y se han sentido agobiadas durante la crianza, aman a sus hijos y se sienten malas madres por desear alejarse de ellos.

      Muchas de estas mujeres están funcionando con su cerebro masculino y por lo tanto viven con dos informaciones contradictorias: la información de su biología femenina (que es la que impera en los momentos en los que se siente a gusto en su papel de madre) y la información de su cerebro masculino que les pide salir de casa, trabajar, independencia, espacio etc.

      Existen diferentes motivos por los que una mujer puede funcionar en masculino, ser zurda o haber sido deseada por sus padres como chico, son los más habituales.

      Es muy satisfactorio ayudar a una mujer a entender que su comportamiento es coherente con su funcionamiento biológico, comprender que no es una mala madre y darle pautas que la ayuden a ser feliz en su maternidad, sin renunciar a su biología ni auto-castigarse.

      Gemma Pitarch

      Los hijos

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      Los hijos no aprenden de lo que les dices y enseñas, aprenden de lo que tú haces.
      Si quieres que te respeten, debes respetarte tú primero.
      Si quieres que cuiden su salud, debes cuidar tú la tuya.
      No puedes pedirles honestidad, mientras tú dices una cosa y piensas otra.
      Si quieres que confíen en tu palabra, no los engañes y cumple lo que prometes.
      Pretendes que sean sinceros mientras a ti te escuchan excusarte con mentiras cuando no te apetece algo.
      Quieres que sepan gestionar sus emociones y tú eres el primero que se ve abrumado por ellas.
      Pretendes que sean limpios y ordenados mientras te ven tirar papeles al suelo en la calle.
      Hay tantas cosas que les pedimos y no hacemos…
      Tu eres el espejo en el que se miran, si tienes un “pequeño demonio” en casa, mira tu vida y asume tu responsabilidad.
      Lo fácil es pensar que el problema lo tienen ellos.
      Y aún así has de saber que no tienes ninguna garantía de que sean como tú quieres.
      Que por mucho que te empeñes trazarán el camino que han venido a vivir.
      Tus hijos no son tuyos, al igual que tú, son seres espirituales viviendo su experiencia de vida, te guste o no.


      Gemma Pitarch