Hay un patrón que he visto tantas veces que ya no puede ser casualidad: el síntoma aparece en el umbral.

No siempre. No en todos. Pero con una frecuencia que llama la atención: la persona que lleva años con una tensión interna que no ha querido mirar, y un día el cuerpo produce un síntoma que la obliga a parar. La mujer que ha sostenido a todos durante décadas, y que enferma justo cuando los hijos se van y ya no tiene a nadie a quien cuidar. El directivo que no sabía cómo salir de su empresa, y es el cuerpo quien finalmente le da la excusa.

No estoy diciendo que la enfermedad sea culpa de nadie. Ni que baste con «pensar positivo» para sanar. Lo que estoy diciendo es algo más preciso: el cuerpo tiene una lógica. Y esa lógica, muchas veces, habla de lo que la persona no se ha atrevido a decirse en voz alta.

Mirar ahí no es fácil. Pero en muchos de los casos que he acompañado, es lo que cambia las cosas.

(Entrada provisional — ejemplo de formato)